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El mundo vuelve a pronunciarse contra el Bloqueo a Cuba


El mundo vuelve a mirar hacia Cuba: el bloqueo, el cerco energético y el sufrimiento de un pueblo
Editorial de Radio Miami Today
Miami, 18 de octubre de 2026
El próximo 28 de octubre, en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), el mundo volverá a pronunciarse sobre el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba, una política que durante más de seis décadas ha marcado profundamente las relaciones entre ambas naciones y la vida cotidiana de millones de cubanos.
Una vez más, la comunidad internacional tendrá ante sí una resolución que reclama el fin de esas medidas. Las votaciones anteriores han demostrado un amplio respaldo internacional a esa demanda, aunque las resoluciones de la Asamblea General no tienen carácter jurídicamente vinculante.
Pero esta vez la discusión se produce en circunstancias particularmente difíciles para Cuba. A las restricciones económicas acumuladas durante décadas se suma una crisis energética que afecta la electricidad, el transporte, la producción industrial, los servicios sanitarios y numerosos aspectos de la vida cotidiana.
El cerco energético y sus consecuencias
Un reciente documento del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX), titulado «Cerco energético contra Cuba», presenta cifras que permiten comprender la magnitud de las dificultades que atraviesa la nación caribeña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al cierre de mayo de 2026 Cuba contabilizaba 2 millones 667 mil 800 toneladas menos de combustibles disponibles respecto a lo planificado.
El documento señala que durante el primer semestre de 2026 solamente un buque petrolero procedente de la Federación de Rusia llegó a las costas cubanas en calidad de ayuda humanitaria, transportando aproximadamente 100 mil toneladas de petróleo crudo.
Ese suministro representó un alivio, aunque insuficiente frente a las necesidades energéticas del país.
El MINREX atribuye buena parte de estas dificultades al endurecimiento de las medidas estadounidenses contra el suministro de combustible a Cuba, incluidas las presiones sobre terceros países y empresas vinculadas al comercio petrolero.
La Administración estadounidense ha defendido históricamente sus sanciones como instrumentos de presión política y económica sobre el Gobierno cubano. Sin embargo, sus consecuencias sobre la población civil constituyen uno de los aspectos más controvertidos de esa política.
Más de 30 horas sin electricidad
El informe cubano también recoge una realidad especialmente preocupante: comunidades que han experimentado apagones superiores a 30 horas continuas.
En cuanto a la generación eléctrica, señala que la producción mediante motores diésel alcanzó apenas el 18,5 % de lo previsto, mientras que la generación mediante motores de fueloil se situó en el 14,5 %.
Son cifras oficiales cuya interpretación exige considerar tanto las restricciones externas como los problemas estructurales del sistema eléctrico cubano: instalaciones envejecidas, dificultades de mantenimiento, escasez de financiamiento y limitaciones de gestión e inversión.
Porque el problema energético de Cuba tiene múltiples dimensiones y no puede comprenderse completamente ignorando ninguna de ellas.
Sin embargo, tampoco puede analizarse seriamente la crisis sin examinar el efecto de las restricciones estadounidenses sobre el acceso a combustibles, financiamiento, tecnología y operaciones comerciales internacionales.
Detrás de cada apagón hay una familia
Cuando una comunidad permanece más de treinta horas sin electricidad, no estamos hablando solamente de estadísticas.
Estamos hablando de alimentos que se deterioran, personas enfermas que necesitan refrigerar sus medicamentos, hospitales sometidos a condiciones difíciles, niños que no pueden estudiar normalmente y trabajadores que ven interrumpidas sus actividades.
Estamos hablando de madres, padres, abuelos y familias enteras que deben reorganizar su existencia alrededor de una pregunta cotidiana: ¿cuándo regresará la electricidad?
La crisis energética tiene también una dimensión humana que merece ocupar un lugar central en cualquier discusión internacional sobre Cuba.
El bienestar de los ciudadanos no debería quedar subordinado a disputas políticas que se prolongan de generación en generación.
La ONU y una oportunidad para reflexionar
La próxima discusión en Naciones Unidas será mucho más que un acontecimiento diplomático.
Será una nueva oportunidad para examinar una política absurda y criminal  que ha sobrevivido a numerosos gobiernos estadounidenses, a transformaciones internacionales profundas y a distintas etapas de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
También permitirá recordar que ambos países demostraron, durante el proceso de acercamiento impulsado por Barack Obama y Raúl Castro, que era posible abrir espacios de diálogo, restablecer relaciones diplomáticas y desarrollar acuerdos de cooperación pese a sus diferencias políticas.
Aquella experiencia no resolvió todos los problemas, pero mostró que la confrontación permanente no constituye la única alternativa.
Hoy, cuando la situación energética y económica cubana plantea urgencias humanitarias, recuperar espacios de entendimiento adquiere una importancia especial.
La cooperación en materia de salud, energía, alimentación, comercio y protección de las familias podría contribuir a mejorar las condiciones de vida de millones de personas.
Cuba y Estados Unidos: dos pueblos que no están condenados a vivir enfrentados
Entre ambas naciones existen vínculos familiares, culturales, históricos y humanos que ningún desacuerdo político ha conseguido destruir.
En Estados Unidos viven millones de personas de origen cubano cuyos afectos, recuerdos y relaciones familiares continúan vinculados a la isla.
Y en Cuba existen familias que esperan mejores condiciones de vida, más oportunidades económicas y relaciones internacionales que faciliten su desarrollo.
La discusión sobre el bloqueo como política errada de EEUU contra Cuba  debe incluir el derecho humano que tienen las familias de las dos naciones  a mantener sus vínculos, recibir ayuda y construir un futuro digno mutuamente.
La política internacional adquiere su verdadero sentido cuando coloca la vida humana por encima de las confrontaciones. Eso es lo que deben saber los que refuerzan el bloqueo desde el gobierno de Estados Unidos.
El próximo 28 de octubre, cuando la cuestión cubana vuelva a ocupar un lugar en la Asamblea General de las Naciones Unidas, convendrá recordar que detrás de cada resolución, de cada discurso y de cada voto hay seres humanos que experimentan diariamente las consecuencias de decisiones adoptadas a miles de kilómetros de sus hogares.
La historia de Cuba y Estados Unidos no tiene por qué escribirse indefinidamente desde la confrontación.
También puede y deben construirse desde el respeto mutuo, la negociación, el comercio y la cooperación.
Porque, después de tantas décadas de desacuerdos, permanece vigente una convicción fundamental:
Dialogar y negociar puede abrir caminos que las sanciones y el aislamiento no han conseguido construir.

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