Los Estados Unidos son el fenómeno geopolítico más extraordinario de la era moderna. La única ex colonia convertida en superpotencia; protagonista de la primera revolución anticolonial del Nuevo Mundo y forjadores de la primera república, la primera democracia y el primer estado de derecho. Todavía hoy es el país con más aliados y el imperio con más clientes.
Por razones difíciles de explicar, los Estados Unidos, son también el país más violento, racista y anticomunista de las Américas, el estado que más guerras libra y la sociedad en la cual, en poder de los civiles existen más armas que habitantes y donde más crímenes de odio se cometen. Entre otros, acumulan cuatro magnicidios y es el de mayor población penal con la exagerada cifra de 1.800.000 personas.
No recuerdo cuando me percaté del enigma de qué, siendo el país más industrializado del planeta, donde el número de obreros (proletarios) es mayor, nunca penetraron en Estados Unidos de modo significativo las ideas marxistas, tampoco las comunistas, socialdemócratas ni la democracia cristiana, ni hubo allí un sindicalismo decisivo, tampoco fuerzas sociales afines a la idea del “estado de bienestar”.
Si bien han prosperado en los Estados Unidos organizaciones progresistas de perfil liberal, la idea de la lucha de clases no ha arraigado allí donde las grandes batallas internas han girado en torno a temas predominantemente laborales y sociales como fueron las “guerras indias” contra los pueblos originarios, la esclavitud, y la lucha por los derechos civiles.
Por su naturaleza y por los fundamentos de su cultura política, los Estados Unidos son el país occidental más refractario al marxismo, al comunismo y al socialismo. Nunca hubo allí un partido comunista numeroso y fuerte, comparable a los creados en Europa, América Latina y Asia, no prosperó un movimiento sindical inspirado en las ideas marxistas o socialdemócrata, no es posible identificar un partido de la izquierda democrática, ni un líder comunista de la talla de la larga lista de los europeos o latinoamericanos.
En 1848, cuando Estados Unidos figuraba ya entre los estados capitalistas más desarrollado, Karl Marx que no conoció a aquel país, en el Manifiesto Comunista, su obra más conocida, políticamente más inspiradora y más peligrosa para los intereses de la burguesía mundial, declaró: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. En ese caso, ni en otros análogos hizo referencia a Estados Unidos.
Al contrario, contratado por el editor Charles Dana (el mismo que contrató a José Martí), durante 10 años, entre 1852-1862 Marx escribió unos 500 artículos para el New York Tribune, uno de los periódicos de mayor circulación en el siglo XIX, en los cuales abordó diversos temas sociales e históricos, entre ellos la Dominación Británica en la India y otros como el colonialismo y la esclavitud, sin acentuar el papel en ellos de los Estados Unidos.
En 1864 durante la Guerra Civil cuando dejó de colaborar con el Tribune, se dirigió a Lincoln para mostrar solidaridad con su causa antiesclavista: “Abraham Lincoln, hijo honrado de la clase obrera, le ha tocado la misión de llevar a su país a través de los combates sin precedente por la liberación de una raza esclavizada y la transformación del régimen social.” La misiva fue respondida por el presidente
El anticomunismo en los Estados Unidos ha sido y es un fenómeno ideológico y utilitario de carácter predominantemente externo. Ninguna ideología ha puesto en peligro la seguridad nacional ni ha debilitado el predominio absoluto del liberalismo político, económico e ideológico.
El anticomunismo fue funcional como herramienta en la lucha contra la Unión Soviética y se trata de utilizar ahora para justificar la insólita hostilidad contra Cuba, un pequeño y acosado país que trata de sobrevivir a una crisis existencial que se acentúa con el recrudecimiento del bloqueo y más recientemente con el cerco energético que amenaza con una tragedia de perfiles bíblicos, incluida los anuncios de agresión militar.
La estrategia implícita en la convocatoria de una especie de Internacional Anticomunista reunida en Washington para consensuar una campaña contra la izquierda en todo el mundo, en la cual el secretario de estado Marco Rubio, calificó a Cuba como una Catedral del comunismo y de la izquierda antiestadounidense violenta, no sólo llega tarde, sino que no se atiene a los hechos.
Un error en el que incurre Marco Rubio es que la izquierda a la que alude, no sólo no es beligerante, sino que no existe. Ya en los años sesenta, precisamente al calor de la Revolución Cubana se realizaron en Latinoamérica dos importantes debates de significado estratégico. Uno se refería a sí la experiencia cubana era repetible, lo cual tuvo una respuesta negativa y el otro si era posible el tránsito pacífico del capitalismo al socialismo, idea que finalmente prevaleció.
Aquellos debates fueron sustanciados por evidencias como el auge de la izquierda marxista y socialdemócrata en Europa a partir de la victoria sobre el fascismo. Las experiencias electorales de los comunistas, socialista y socialdemócratas en Italia y Francia, evidenciaron la viabilidad de la vía pacífica.
Esas enseñanzas se trasladaron a América Latina donde, en última instancia prevaleció la idea de que era posible el progreso político, incluso la transición pacífica al socialismo. El primero y más decisivo paso lo dio el socialista Salvador Allende en 1970. Entonces la violencia para su cruento derrocamiento la puso la derecha, por cierto, con el apoyo de Estados Unidos por intermedio de Henry Kissinger.
En fecha reciente los éxitos de la izquierda en Brasil, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Chile, Honduras y de gobiernos progresistas en unos 10 países latinoamericanos en los cuales líderes de izquierda, llegaron al poder por vía electoral, reforzaron la idea de que el progreso político es posible sin eventos violentos.
La violencia que para Estados Unidos representa un peligro no proviene de la izquierda ni del exterior, sino de la derecha, es interna y se manifiesta en el auge del supremacismo blanco y de los conflictos raciales.
Entre las expresiones más recientes e importantes de violencia interna en los Estados Unidos estuvieron el atentado en Oklahoma en 1995 contra el edificio que albergaba varias agencias federales y donde murieron 168 personas, fue realizado por Timothy McVeigh y Terry Nichols motivados por rechazo y el odio hacía el gobierno federal, sin la menor relación con ningún enfoque u organizaciones de izquierda.
Otro evento violento fue el asalto al Capitolio de Washington, sede del Congreso de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021 donde se encontraban unos 435 Representantes y 100 Senadores, realizado por turbas de elementos derechistas y supremacistas partidarios, no de la izquierda sino del presidente Trump.
Por añadidura me gustaría mencionar que, ni en la concepción ni en la ejecución de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el atentado terrorista más relevante de todos los tiempos, hubo elementos o ideas de izquierda.
La reunión de la entente anticomunista en Washington y el informe del Departamento de Estado sobre participación de Cuba en acciones politicas contra Estados Unidos, ambos de la autoría del secretario de estado Marco Rubio, son intentos por crear una plataforma conceptual de carácter políticos e histórico que justifique la agresividad contra Cuba, a la cual el recrudecimiento del bloqueo a colocado ante una crisis existencial total.
El mayor evento sobre la represión del comunismo en los Estados Unidos fue el macartismo, el cual por razones de espacio y por su jerarquía, trataré en una próxima entrega. Estoy en deuda. Allá nos vemos.