Ustedes nacen héroes

Por Hedelberto López Blanch

Hoy quiero comentarles a los oyentes de Radio Miami parte de un trabajo realizado por el periodista de Juventud Rebelde, Luis Hernández Serrano relacionado con cuatro estadounidenses que pelearon en la manigua junto a los mambises cubanos durante la guerra de independencia.

En esa larga y dura guerra contra los colonialistas españoles, que se extendió por 30 años, participaron 3 000 extranjeros de más de 40 países, entre ellos los estadounidenses, Frederick Funston, Henry Reeve, Thomas Jordan y Winchester Dana Osgood.

En la investigación realizada por Hernández Serrano, detalla que Funston (1865-1917), nació en Kansas, llegó a Cuba en la expedición del vapor Dauntless como perito artillero y desembarcó por Nuevas Grandes, Camagüey, el 16 de agosto de 1896.

Peleó a las órdenes de Máximo Gómez, primero, y de Calixto García, después. Por destacarse en distintos combates, en particular en los de Guáimaro y Las Tunas, llegó a ganarse los grados de teniente coronel.

En su libro Memorias de dos guerras: Cuba y Filipinas (1914), de 451 páginas, dedica 146 a prestigiar a Cuba y a los mambises, sus compañeros de armas. “Los cubanos son capaces de pelear y vencer sin recursos materiales, solo con el filo de los aceros de sus machetes, su audacia y su valor”, expresó.

Reeve (1850-1876), natural de Brooklyn, Nueva York, se enroló en el vapor Perrit, y desembarcó el 11 de mayo de 1869 por la península El Ramón, de la bahía de Nipe, en Oriente. Participó en los primeros combates de la Guerra del 68 y fue capturado y condenado a fusilamiento, en unión de otros mambises. En la ejecución recibió cuatro impactos de bala, que no le provocaron la muerte, y logró escapar.

En las más de cien acciones, combates y batallas en que participó, Reeve fue blanco de diez balazos graves. Durante un enfrentamiento con el enemigo, estuvo a punto de perder una pierna, por lo que tuvo que ponerse una prótesis metálica. Más tarde le fabricaron un dispositivo que lo mantenía firme sobre su cabalgadura. Recibió heridas en una mano, en el pecho, en el abdomen, en la ingle y en un hombro. Ya sin fuerzas, se dio un tiro en la sien para no caer en poder del enemigo. Ignacio Agramonte lo llamaba Enrique, el americano, pero los demás mambises le decían El Inglesito.

En varias oportunidades se le oyó decir que «peleaba junto a los cubanos con la convicción de que eran nacidos en tierras diferentes, pero como si fueran hermanos de sangre».

Por su parte, Jordan (1819-1895), hijo de Luray, Virginia. Salió de Nueva York el 4 de mayo de 1869 al mando de unos 200 expedicionarios en el buque Perrit, donde también arribó Reeve. El 19 de diciembre de ese año sustituyó al Mayor General Manuel de Quesada en la jefatura del Ejército Libertador. Decía que “los cubanos son nobles y bravos al mismo tiempo”.

El primero de enero de 1870, Thomas Jordan dirigió uno de los combates más gloriosos de las armas cubanas durante la Guerra de los Diez Años. En Minas de Guáimaro, derrotó a la columna española comandada por el general dominicano Eusebio Puello compuesta por 2 000 infantes, 100 jinetes, 25 voluntarios y tres cañones. Les provocó 200 muertos y poco después otros 200 corrieron igual suerte por las heridas recibidas.

Al regresar a Nueva York, elogió el heroísmo de los cubanos en su lucha por la libertad y en un banquete en su honor, recalcó: “No soy filibustero. No pude formarme idea cabal de la atrocidad española hasta que la contemplé frente a frente. Los españoles están peleando con armas compradas en establecimientos estadounidenses, en Maiden Lane, en la Casa Shurley, en la Hasley and Graham. Y a nosotros en todo un año, no nos ha sido permitido comprar nada”.

En el diario World, el 2 de diciembre de 1870, escribió: “En este tiempo han desplegado los hijos de Cuba más firmeza, más abnegación y más constancia que los americanos antes de que los franceses vinieran a ayudarnos”.

Y cuatro días más tarde en el propio periódico, anotó: “Ningún pueblo ha peleado jamás con tanta obstinación como el pueblo cubano, que no ha tenido auxilio de ninguna parte; antes al contrario, los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra han impedido que reciba ayuda alguna».

Por último, Osgood (1870-1896), nació en la Florida. Antes de ir a pelear contra los españoles en la Isla, fue un destacado deportista en las universidades de Cornell, Pensylvania e Indiana. Sobresalió en el fútbol, el atletismo y la lucha libre. Se ofreció voluntariamente para combatir en la Guerra Necesaria; también perteneció como artillero a las tropas de Calixto García. Su actuación en el asedio a las fortificaciones españolas fue muy relevante y se ganó el grado de comandante del Ejército Libertador. Cuando enfrentaba al más grande de los fuertes españoles, un francotirador, desde una torre, le dio un balazo en la cabeza, el 18 de octubre de 1896. Días antes había dicho a un grupo de mambises que peleaban junto a él, en la misma unidad militar: “Ustedes, los cubanos que luchan por la liberación y la independencia, nacen héroes, por eso se ganarán siempre el respeto del mundo entero”. Habló para Radio Miami, Hedelberto López Blanch.

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