
Leí con más asco que asombro la carta abierta al presidente de Estados Unidos Donald Trump del disidente mercenario José Daniel Ferrer García, fechada en Santiago de Cuba el 6 de junio de 2017.
Difícilmente exista en toda la historia del anexionismo y del plattismo cubano (o, mejor, anticubano) un documento más servil, oportunista y malvado. Ni siquiera la supina ignorancia que caracteriza a su autor podría servir de atenuante para tanta bajeza.
Sin embargo, por su propia naturaleza, la carta incurre en una contradicción insalvable. Si, como afirma Ferrer, en Cuba existe una tiranía, ¿cómo es posible que alguien pueda expresarse impunemente en esos términos y, para colmo, exhortar a un gobierno extranjero a la «completa eliminación» de los dirigentes de la Revolución Cubana?.
¿No existe en Cuba una ley que castigue la traición a la patria?.










