
El Presidente Donald Trump se siente muy orgulloso del respaldo que la Brigada de Asalto 2506 le dio en el 2016 y en un mensaje de Twitter que colgó el domingo dijo textualmente: «Los cubanoamericanos me otorgaron el honorable premio Bahía de Cochino por todo lo que he hecho por nuestra gran población cubana».
Mueve a risa lo que dijo el Presidente. ¿Sentirse orgulloso de recibir un premio de una organización creada por derrotados que aceptaron que se pagara su libertad a cambio de contenedores llenos de pomos de compota?
Yo ni tenía idea que le hubiera entregado un premio la dicha brigada de asalto, o de asaltantes, como la llamaba mi difunto amigo Felipe Rivero, uno de los pocos brigadistas que se portó valientemente al ser entrevistado por la televisión cubana después de caer prisionero, cuando la mayor parte de ellos hicieron un lastimoso papel que realmente daba pena ajena, al ver a muchos declarar que no habían tirado ni un tiro o que solo iban en la invasión como cocineros.
Yo estaba en Cuba cuando llegó esa invasión, cuando fueron derrotados en menos de 72 horas y cuando fueron entrevistados, todo lo viví. Aunque estábamos conspirando contra el gobierno, no teníamos ni la menor idea de cuándo, ni por dónde la iban a realizar, lo hicieron sin decirnos nada, nos enteramos de la misma cuando el gobierno la anunció.
Después que hicieron el patético papel que hicieron durante su captura y en sus entrevistas televisivas, cuando fueron liberados, al haber el gobierno de Estados Unidos pagado el rescate que exigió el gobierno revolucionario por daños y perjuicios, yo estaba en Miami y vi el comportamiento de ellos. Se sentían como verdaderos mambises y fueron recibidos como héroes y como héroes se han sentido todos los años subsiguiente a su liberación.
Entonces, a su local de Miami llegó el candidato Donald Trump en el 2016 para hacer lo mismo que habían hecho Reagan, Bush, Clinton, y casi todos los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos antes que él, o sea, dar cuatro gritos en contra de Cuba, decir que iban a hacer los liberadores, proclamar ¡abajo el comunismo!, comerse unas croquetas y tomarse un café cubano en alguna de las cafeterías de la ciudad, para después regresar a Washington y si eran elegidos, apretar las tuercas de la política en contra de Cuba, tratando de asfixiar al pueblo cubano con sanciones y prohibiciones. Es precisamente a esas sanciones a las cuales se refiere el Mentiroso Mayor cuando afirma «todo» lo que él ha hecho «por nuestra gran población cubana», sanciones para complacer a los anticubanos miamenses que las piden vehementemente, sanciones para hacer daño y por hacer daño, porque todos los anticubanos juntos bien saben que no tienen el más mínimo chance de derrocar el sistema imperante en Cuba, es solo por tratar de ahogar al pueblo cubano, de hacerle la vida más difícil a los que un día fueron sus compatriotas…










