Trump: las drogas y los ataques sónicos en Cuba. Una respuesta necesaria.

 NILST De nuevo entrego mi columna al profesor y amigo   Nyls Gustavo Ponce Seoane 

 

A Paco Gómez, amigo digital.

                                                                        

 

Siempre es bueno estar bien informado, no solo como un modo de ser libre, nadie te engañe o poder intercambiar criterios con valía, sino  también para  no ser programado en la práctica de la vida social actual, donde una mente vacía puede ser fácil víctima de reflejos condicionados mediáticos,  confeccionados con el fin de manipular conductas.

Es por lo que individuo informado, vale por cien. Dichas personas, por lo general,  son rechazadas por muchos políticos y comunicadores detentadores del poder, debido a que molestan y pueden salir al paso a cualquiera de sus artimañas, obstaculizando las  tergiversaciones y mentiras fabricadas, puestas a circular con la información que dominan, en favor de sus ilegítimos intereses particulares y de casta.

Se debe reaccionar pues ante cualquier información, sea cierta, falsa o semi cierta, después de su análisis cuidadoso, con criterio propio.

En el otoño pasado, cuando el Departamento de Estado de EE UU ordenaba  el retiro de más de la mitad del personal diplomático acreditado en La Habana, que un número proporcional de funcionarios cubanos se fuera de Washington y advertía a los ciudadanos estadounidenses que podían estar “en riesgo” de una agresión si visitan la isla por supuestos ataques sónicos, el presidente Donald Trump  declaró (26 de octubre del 2017), en la Casa Blanca, que  la crisis por el consumo de drogas y la adicción a los opiáceos constituían, para los Estados Unidos, una verdadera epidemia y era una emergencia nacional, a tal punto que tres meses después, el 30 de enero,  al pronunciar su primer informe sobre el estado de la Unión a la reunión conjunta de ambas Cámaras del Congreso, informó: “En 2016, perdimos 64 000 estadounidenses por sobredosis:174 muertes diarias, 7 cada hora”; y el 19 de marzo pasado, casi dos meses después, volviendo sobre el tema, en su discurso en el Manchester Community College, en New Hampshire, pidió la pena de muerte para los traficantes de drogas como se hace en otras naciones.

Aunque está más que  claro que el delincuente acusa a otros desde su propia manera de pensar, las acusaciones contra  la isla antillana de los sospechados ataques acústicos, han tenido la  intención política de revertir las relaciones con Cuba logradas durante la administración Obama, además de  entrar en conciliábulo y neutralizar la acción de Marco Rubio, congresista de origen cubano, miembro del grupo que investiga algunas tramas en el Congreso que acusan a colaboradores del Presidente  y afectan su figura. Así, Rubio ha pasado a ser consejero de un presidente del que fue rival durante las primarias del Partido Republicano y es la pieza clave de la radicalización de Trump en el tema Cuba.

A pesar del encono mutuo que mostraron ambos políticos durante la campaña de nominación, hoy el Senador es el principal defensor del Presidente y este convierte en política todas las propuestas de Rubio sobr e Cuba. Simplemente se trata de un intercambio de favores.

Decenas de artículos e hipótesis se han escrito sobre el tema  de los posibles ataques sónicos en La Habana,  refiriéndose a dispositivos de sonidos de toda clase que generan ondas audibles, inaudibles (infrasónicas, ultrasónicas), electromagnéticas a partir de equipos como micro-ondas, emisores de pulsos de energía dirigidos; aparatos estos que fueron colocados dentro o fuera de las casas o habitaciones de hoteles donde se hospedaban o alojaban los diplomáticos; así como fallas en la utilización de los equipos LRAD-RX o cañón sónico dirigido,  causando daño al personal de la CIA que los operaba.

Pero dentro de todo esto, hay un hecho, que merece ser resaltado: las investigaciones realizadas por los especialistas cubanos y por los expertos del FBI que vinieron a Cuba, a los cuales se le ofrecieron todo tip o de facilidades para la investigación requerida, arrojaron como resultado que no se encontró prueba ni evidencia alguna  de la existencia de dichos ataques. Aún así, a pesar de que no se ha podido probar ni demostrar nada, la administración Trump ha mantenido la acusación hacia Cuba e  incluso ha emitido  una Alerta de Viaje hacia la Isla basada en los “ataques sónicos que tuvieron como objetivo a los empleados de la embajada”, según dicen.

Entonces, es válida la pregunta que se ha hecho: ¿Será que el daño se lo provocaron los propios estadounidenses?, y por lo tanto, quizás se puedan sugerir nuevas líneas en las investigaciones que conduzcan a aclarar los hechos, sí es que en realidad los hubo.

Esto también lo induce a pensar un correo del amigo Paco Gómez, lector incansable de cuestiones de salud, afectado el mismo en su capacidad auditiva en un post-operatorio, cuando le fue recetada gentamicina, un antibiótico que le disminuyó la audición quedando con sordera moderada (por lo que tuvo que usar un “aparatico” para oír), lo cual se puede vincular perfectamente con las preocupaciones de Trump sobre el uso y abuso que hacen los norteamericanos de las drogas y estupefacientes; opiáceos y fármacos contra el dolor físico y psíquico, generadores de adicciones  que  traen consigo los correspondientes efectos secundarios, uno de los cuales es la afectación a la audición.

Una rápida búsqueda en Internet sobre el tema da a conocer que muchas drogas-medicamentos son ototóxicos, o sea, pueden producir pérdida de audición temporal o permanente.

En Estados Unidos, existen más de 200 medicamentos en el mercado (¡es El Gran Mercado de la Droga!), tanto de prescripción médica como de venta libre y circula ción ilegal, que pueden producir pérdida de audición, según la Asociación norteamericana del Habla, Lenguaje y Audición,  ASHA (por sus siglas en inglés).

La pérdida de audición producida por una droga- medicamento se deba a que el fármaco daña las células sensoriales de la cóclea del oído interno.

Entre los fármacos ototóxicos que causan daños al oído interno están los famosos opiáceos: codeína, morfina, heroína; señalándose a la codeína como uno de los fármacos más usados en todo el mundo (según la Organización Mundial de la Salud, la OMS), y por lo tanto, en los EE.UU,  cosa esta que se refleja en sus filmes y series cinematográficas. Se emplea contra el dolor, la tos severa, la diarrea, el síndrome de intestino irritable y otras afecciones. Un estudio reciente realizado por investigadores australianos indica que las personas que to man regularmente codeína corren el riesgo de perder parte o la totalidad de la audición.

Para que se tenga una idea de la magnitud de este problema, se hace una breve reseña de otros fármacos ototóxicos:

– Antibióticos aminoglucósidos: la estreptomicina, gentamicina, neomicina, amikacina, kanamicina, neomicina, netilmicina, tobramicina, ampicilina, capreomicina, cloranfenicol, colistina (polimixina E), eritromicina, minociclina.

– Diuréticos: la furosemida o la bumetanida.

– Antinflamatorios: el fenoprofeno, ibuprofeno, indometacina, naproxeno, fenilbutazoria.

– Salicicatos (aspirina, couldina, otros).

– Antimaláricos: cloroquina, quinina.

– Agentes antitumorales: actinomicin a, bleomicina, cisplatino, mustinas, misonidazol, vincristina, vinblastinaciclosfamida, carboplatino, usados en quimioterapia.

Como se ve, hasta la simple aspirina, tomada en exceso, puede  afectar la capacidad auditiva.

Pero el empleo de diversas drogas-fármacos ototóxicos, las adicciones y la sobredosis en el uso de los mismos que afectan al oído y que pueden provocar sordera de variada intensidad y duración, reversible en algunos casos e irreversible en otros, y unilateral (un solo oído) o bilateral (los dos); y que los puede también llevar hasta morir, como sucede en la población norteamericana, ya no es solo producto de drogas y narcóticos.

Con el constante avance de la tecnología en esta Era Digital, se ha logrado crear sonidos que emulan con las sensaciones que generan las drogas.

Basta con solo tener una computadora, un reproductor de música o el mismo teléfono celular y usar unos audífonos, para que cualquier persona pueda consumir este tipo de soporíferos. En poco tiempo, las drogas auditivas se han convertido en una industria.

Se han creado softwares (por ejemplo, el I-Doser que se comercializa en la red);  o programas diseñados para incentivar en el cerebro ciertas sensaciones similares a las que producen las drogas, pero sin la necesidad de consumir pastillas o inyectarse. Según sus creadores, pueden emular con el efecto de una droga determinada.

Entre las drogas auditivas que pululan en internet se encuentran LSD, Heroína, Opio, Valium, Cocaina, Marihuana, Éxtasis y Oxym.

Y estas adicciones  a las nuevas tecnologías digitales, que todos conocemos,  mediante audífonos emisores de ondas electromagnéticas directa mente vinculados a los oídos y al área del cerebro relacionada con los mismos, ¿no pueden causar afecciones auditivas?

Con todo esto, para despejar este asunto, serán necesarias también investigaciones audiológicas, audiofonológicas y neurológicas relacionadas con el consumo de drogas auditivas y drogas – fármacos  a los empleados del servicio exterior norteamericano  y canadiense que se desempeñaban en La Habana y que, según ellos, fueron afectados por sonidos tipo chicharra. 

Sí, son más y más que necesarias estas investigaciones medicas para echar  abajo ese fake new y evitar que se siga desarrollando esa falsedad, como lo hace ahora el gobierno de Canadá –asociado a EE UU en la OTAN -, retirando a los familiares de sus diplomáticos; y despejar así otra  mentira en la cual se fundamenten nuevas agresiones contra Cuba, en las cuales se han basado los políticos estadounidenses a lo largo de su historia.

La Habana, 23 de abril de 2018

“Año 60 de La Revolución”

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