
No se trata de inventar el agua con azúcar ni de ser más erudito que el resto, solo que entrar en consideraciones personales, nos lleva casi siempre a divergir de los demás en algo o en todo de lo que se trate.
En esta ciudad que es considerada por la mayoría de sus habitantes, el ombligo de mundo, por la increíble influencia que en esta se lleva el primer lugar la presencia protagónica de cubanos y cubanólogos, todos graduados en la universidad de la vida, ocurre lo de casi siempre que donde quiera que hay dos o más criollos, el conversatorio tratará de enmendar el mundo en sus más graves problemas.
Estos elementos sociales, determinas muchas veces son creados por esos mismos elementos muy vivos de los grupos sociales, donde casi siempre nos se cuenta con opiniones de otros, haciendo valer solo la nuestra, la cubana.
Cuando vemos la politiquería que encierra los periodos electoreros de nuestra área, nos remontamos a épocas de nuestra patria, cuando y donde los anuncios políticos parecían cada vez más importantes que los mismos protagonistas en sí.
Un cartel en una cerca de un solar yelmo, o en un poste de la electricidad, intentaba dar una visión de quienes eran lo mejores que intentaban dirigir y administrar nuestro futuro. La propaganda y la publicidad se peleaban entre sí a ver quien se acercaba más a la verdad. Ni la una ni la otra muestra el acierto al mensaje y por lo tanto siempre se mancilla lo que el ciudadano común. El votante o elector necesita saber mucho más para decidirse a brindar su apoyo final.
Vemos con curiosidad pero no con asombro por estar ya acostumbrados a estas lides de la mentira, como cada vez se es más propicio a inclinar nuestras preferencias sin profundizar en ellas solo por lo que vemos, leemos o escuchamos sobre alguien o algo en particular y no con lo profundo que estos casos requieren indagar.
Aquí en el Gran Miami, área muy sui géneris, por razones que todos conocemos, no ocurre algo en particular que no se vea en otros lugares solo que aquí la influencia caribeña es parte intrínseca de un todo, y he aquí la diferencia con los demás lugares, pero por una cubanía bien arraigada en los quehaceres de todos.
En la política del área la influencia cubana es tremendamente grande, aunque su contenido siempre son observados por el resto del país como algo muy común a los ciudadanos de todas partes, que bien conocen a la idiosincrasia cubana.
Ahora en los finales del juego político que culminará en un menos de un mes, los contendientes se esmeran en criticar de la manera más grotesca y grosera al contrario y viceversa, haciendo peligrar que esta lucha por el poder se pueda extralimitar en sus resultados. “Yo soy el mejor que mi contrario que es una basura” este y no otro es el argumento y lema de todos, sin excepción y cada uno de los aspirantes a representar nuestros intereses.
La lucha de contrarios establece un parámetro entre las partes y es necesario que estas sean similares en los objetivos aunque no así necesraiamente en las maneras de obtenerlos.
Les habló, Roberto Solís Ávila.