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Sin bloqueo volverá la Paz a Cuba y EEUU


SIN BLOQUEO, VOLVERÁ LA PAZ ENTRE CUBA Y ESTADOS UNIDOS
Obama abrió las puertas al entendimiento. Max Lesnik dedicó más de medio siglo a defenderlas.

Max Lesnik como Obama consideraba que el Bloqueo a Cuba era una política errada. Tuve la suerte de trabajar al lado de Max cerca de 15 años y fue de los millones que pensaron ayer y hoy que quitar el bloqueo a Cuba es regresar la Paz a Estados Unidos y muchas partes como los 130 países que votaron en la ONU  por eliminar el cruel bloqueo a nuestra Patria. Tantos millones no pueden estar equivocados.

¿Por qué insistir en levantar muros donde deberían construirse puentes?

Hay momentos en la historia en los que una frase resume mejor que cientos de discursos la necesidad de cambiar el rumbo de las relaciones entre dos naciones.
El 17 de diciembre de 2014, cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció junto a su homólogo cubano, Raúl Castro, el inicio de un proceso histórico de restablecimiento de relaciones diplomáticas, dejó un mensaje que todavía conserva extraordinaria vigencia.
Su planteamiento puede resumirse en una frase que merece ser recordada:
«Es hora de poner fin a una política hacia Cuba que está obsoleta y que ha fracasado durante décadas».
Era el reconocimiento de una realidad política que durante más de medio siglo había marcado las relaciones entre dos pueblos separados por apenas 90 millas de mar, pero por una enorme distancia diplomática.
Obama comprendió algo esencial: el aislamiento no había conseguido sus objetivos y había llegado el momento de ensayar el camino del diálogo, el intercambio y el respeto mutuo.
Su visita a La Habana, en marzo de 2016, constituyó uno de los acontecimientos más significativos de la historia reciente de las relaciones cubano-estadounidenses.
No desaparecieron las diferencias políticas ni ideológicas. Tampoco quedó eliminado el embargo económico. Pero se demostró que era posible conversar, negociar y convivir sin renunciar a las respectivas identidades nacionales.
Y eso, por sí solo, representó un cambio histórico.


MAX LESNIK: MÁS DE MEDIO SIGLO DEFENDIENDO EL SENTIDO COMÚN
Desde Miami, una voz persistente defendió durante décadas ese mismo principio: la del periodista, intelectual y luchador civil cubano Max Lesnik.
Max no necesitaba complicadas fórmulas diplomáticas para explicar por qué consideraba absurdo mantener el bloqueo estadounidense contra Cuba.
Su razonamiento era profundamente práctico.
¿Qué ocurriría si los puertos cubanos comenzaran a recibir regularmente barcos cargados de productos norteamericanos?
¿Qué sucedería si los cruceros procedentes de Miami, Tampa y otros puertos estadounidenses pudieran arribar libremente a La Habana, Santiago de Cuba, Cienfuegos y otros destinos de la isla?
¿Qué pasaría si empresarios, agricultores, comerciantes, académicos, artistas, científicos y familias de ambos países pudieran relacionarse sin tantas prohibiciones?
La respuesta que Max defendió durante años era sencilla: Cuba y Estados Unidos se conocerían mejor, y la propia sociedad cubana entraría en contacto directo con la vida, los productos, las ideas, la cultura y las experiencias del pueblo norteamericano.
No se trataba de imponer un modelo político sobre otro.
Se trataba de permitir que las sociedades se relacionaran sin convertir sus diferencias en un enfrentamiento permanente.
Los puertos llenos de mercancías, los hoteles recibiendo visitantes, las universidades intercambiando conocimientos y las familias abrazándose serían expresiones concretas de una convivencia posible.
Max Lesnik comprendía que el intercambio podía lograr acercamientos que décadas de confrontación no habían conseguido.
Y lo defendió desde Miami durante más de cincuenta años, incluso en circunstancias de enormes tensiones políticas.
EMBARGO O BLOQUEO: CUANDO LAS PALABRAS DESCRIBEN UNA REALIDAD
En Estados Unidos se utiliza oficialmente la palabra embargo. En Cuba y muchos paises, millones de ciudadanos prefieren llamarlo bloqueo.
Ambos términos tienen significados jurídicos diferentes, pero para quienes sufren las dificultades económicas y las restricciones de las relaciones bilaterales, la palabra bloqueo resulta especialmente expresiva.
Bloquear significa cerrar el paso.
Bloquear significa impedir o dificultar el movimiento.
Bloquear significa levantar obstáculos allí donde podrían existir oportunidades.
Y cuando esos obstáculos alcanzan el comercio, las operaciones bancarias, los transportes, la energía, los viajes y los vínculos familiares, sus consecuencias van mucho más allá de una discusión diplomática.
Porque también puede bloquearse el encuentro humano. También pueden levantarse barreras que dificulten la amistad, la solidaridad y hasta las expresiones más sencillas del amor entre dos pueblos.
Ninguna diferencia ideológica debería impedir que un abuelo abrace a sus nietos, que dos universidades compartan investigaciones o que un agricultor norteamericano pueda vender sus productos a sus vecinos cubanos en condiciones normales.
¿POR QUÉ LOS NORTEAMERICANOS PUEDEN VISITAR OTROS DESTINOS DEL CARIBE Y NO HACER TURISMO LIBREMENTE EN CUBA?
Cada año, millones de estadounidenses viajan de vacaciones a destinos turísticos del Caribe.
Disfrutan de sus playas, hoteles, restaurantes, cruceros y atractivos culturales.
Sin embargo, Cuba, situada a escasa distancia del territorio continental estadounidense, continúa sometida a restricciones que impiden el turismo convencional de ciudadanos norteamericanos hacia la isla.
Existen categorías autorizadas de viaje, pero eso no equivale a una relación turística normal.
Por otra parte, los cubanos enfrentan importantes obstáculos migratorios, consulares y económicos para visitar Estados Unidos, aunque no existe una prohibición absoluta de entrada para todos los ciudadanos cubanos.
¿Por qué mantener una relación tan limitada entre dos países vecinos?
¿Por qué no restablecer las conexiones marítimas y ampliar las oportunidades de intercambio aéreo, cultural, científico y comercial?
¿Por qué impedir que el turismo sea también un instrumento de acercamiento?
La normalización del turismo directo permitiría desarrollar nuevos intercambios económicos y humanos, siempre respetando las leyes y la soberanía de ambas naciones.
LOS HOTELES VACÍOS, LA CRISIS ENERGÉTICA Y UNA ECONOMÍA QUE NECESITA RESPIRAR
Cuba atraviesa una crisis económica y energética de extraordinaria gravedad.
Las dificultades con el combustible, las interrupciones eléctricas, las limitaciones del transporte y los problemas de abastecimiento repercuten directamente sobre la vida de la población y el funcionamiento del turismo.
El cierre temporal o la reducción de operaciones de instalaciones hoteleras reflejan también esas dificultades.
Sería incorrecto atribuir todos los problemas cubanos exclusivamente al embargo estadounidense. Existen igualmente deficiencias estructurales, decisiones económicas internas y problemas administrativos que necesitan soluciones profundas.
Pero tampoco resulta razonable ignorar los efectos de las sanciones económicas y financieras estadounidenses sobre las posibilidades de comercio, inversión y desarrollo del país.
La pregunta que debemos formularnos desde Miami es inevitable: ¿qué se gana prolongando una política de restricciones que también limita las oportunidades de relación entre los pueblos?
¿No sería más constructivo que llegaran barcos con productos agrícolas, medicamentos, tecnologías, combustibles y mercancías?
¿No sería más provechoso que los puertos recibieran cruceros y embarcaciones comerciales en lugar de permanecer condicionados por décadas de confrontación?
El diálogo no elimina automáticamente las crisis. Pero abre posibilidades que el aislamiento mantiene cerradas.
OBAMA Y MAX LESNIK: DOS HISTORIAS DIFERENTES, UNA MISMA APUESTA POR EL ENTENDIMIENTO
Barack Obama llegó a la Casa Blanca y, desde la presidencia de Estados Unidos, impulsó el acercamiento diplomático más significativo con Cuba en décadas.
Max Lesnik, desde las calles, los micrófonos, las páginas periodísticas y los espacios de debate de Miami, dedicó buena parte de su vida a defender relaciones normales entre ambas naciones.
Uno ejerció el poder presidencial.
El otro sostuvo una lucha cívica prolongada, desde el periodismo y su compromiso con el diálogo.
Sus trayectorias fueron distintas, pero coincidieron en una convicción fundamental: la confrontación perpetua no tenía por qué determinar el futuro de los cubanos y los estadounidenses.
Max Lesnik ya no está físicamente entre nosotros, pero su defensa del entendimiento permanece como parte de una historia que merece ser reconocida.
Y la apertura impulsada por Obama demuestra que la voluntad política puede modificar relaciones que durante mucho tiempo parecían inamovibles.
HA LLEGADO LA HORA DE CAMBIAR LOS MUROS POR PUENTES
Desde Radio Miami Today reiteramos una posición editorial que responde a nuestra vocación por el diálogo y la convivencia pacífica.
Estados Unidos y Cuba no están condenados a vivir enfrentados.
Pueden mantener sistemas políticos diferentes, discrepar sobre democracia y derechos humanos y defender intereses nacionales distintos sin renunciar a relaciones comerciales, diplomáticas y humanas.
La paz no exige pensar de la misma manera.
Exige reconocer que las diferencias deben resolverse mediante el respeto y la negociación, no a través de una hostilidad permanente.
Los cubanos que viven en la isla y los que han construido sus vidas en Estados Unidos comparten historias familiares, tradiciones, afectos y una memoria cultural que ninguna decisión política debería borrar.
Y los estadounidenses tienen derecho a conocer Cuba, su cultura y su pueblo mediante intercambios libres y responsables.
Por eso hoy volvemos a preguntarnos:
¿Por qué no llenar los puertos de Cuba de barcos comerciales en lugar de mantener barreras?
¿Por qué no llenar sus hoteles de turistas, sus universidades de intercambios científicos y sus calles de encuentros culturales?
¿Por qué no permitir que las nuevas generaciones de cubanos y norteamericanos construyan una historia diferente?
El embargo no ha resuelto las diferencias fundamentales entre ambos gobiernos. La prolongación de la confrontación tampoco garantiza que lo haga.
La experiencia del acercamiento de 2014 enseñó que existen alternativas.
Es necesario recuperar esa capacidad de conversar.
No para que un país se rinda ante el otro, sino para que ambos aprendan a coexistir desde sus diferencias.
Sin bloqueo, habrá más oportunidades para el comercio, la prosperidad, el encuentro familiar y la construcción de la paz.
Y quizás entonces podamos hacer realidad una aspiración que Max Lesnik sostuvo durante más de medio siglo y que Barack Obama convirtió, durante su presidencia, en una posibilidad diplomática concreta:
Que Cuba y Estados Unidos dejen de mirarse como adversarios permanentes y comiencen a reconocerse, finalmente, como vecinos.
Porque ningún mar de apenas 90 millas debería convertirse en una frontera insuperable para la amistad entre dos pueblos.
¡MENOS MUROS, MÁS PUENTES!
¡SIN BLOQUEO, VOLVERÁ LA PAZ ENTRE CUBA Y ESTADOS UNIDOS!
Redacción de Radio Miami Today
Miami, Florida, Estados Unidos
www.RadioMiamiToday.com
Edición asistida por inteligencia artificial.

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