Parodiando, muy respetuosamente, un título de una famosa novela, “El país de las sombras largas”, que leíamos por los años cincuenta del pasado siglo XX, hacemos un imaginario simil y cambiamos el título de la novela por el de este comentario, después del destructor huracán Irma.
Recientemente arrasó con poblaciones costeras enteras, desde Puerto Rico, donde dejó total desolación y mucha muerte a su paso. Esa Isla del Encanto, lo perdió todo hasta ese nombre, donde lamentablemente hasta su geografía ha sido cambiada. Santo Domingo, Haití y Cuba en su costa norte hasta La Habana, también en el mismo resultado trágico, así como en la zona de la cayería sur floridana hacia Cayo Hueso, donde destrozó muchas viviendas y comercios, para después subir hacia el norte por toda la costa oeste de Florida. Ya pasados estos azotes de la naturaleza que se ensañó con alevosía contra personas y zonas densamente pobladas, los resultados son los que hoy lamentablemente contamos.
Los ataques han sido muy variados. Desde los daños materiales a infraestructura, ciudades, medios de comunicación. electricidad, agua potable, alimentos, viviendas y vidas humanas, hasta la desolación creada después del huracán Irma, que fue el que más daño causó a su paso destructor, considerado el más destructor en un siglo, en estas tierras de La Antillas y el Caribe.
La zona del Sur de Florida, que no escapó a esta furia inhumana, desde Los Cayos hasta el mismo Miami, recibe ese abusador embate y deja una estela de árboles en el suelo, en calles y avenidas, en su totalidad.
Cuando se recorre esta área, como lo hago a diario, se comprueba que las largas y grandes tongas de alta vegetación, incluyendo árboles enteros y también inmensas ramas, en su mayoría ya apartada hacia las aceras, adornan peyorativamente todas las barriadas.
Largas hileras que tapan el paso peatonal en muchísimas partes, se encuentran sin recoger y se cree que pasará mucho, pero mucho tiempo para que las grúas y los camiones del Condado y ciudades aledañas den fin a este desastre vial.
Se hace increíble poder describir esas escenas sin verlas personalmente. Nunca antes recuerdo haber sentido algo así desde hace 25 años exactamente, cuando el gigantesco horror del ciclón Andrew azotó Miami y su parte sur, Homestead y otras zonas, arrasando con todo a su paso.
Por mi parte solo mi casa sufrió la destrucción de la terraza de aluminio, de la parte trasera, pero sabemos que otras viviendas no tuvieron la misma suerte.
Llegue a los amigos de esta Radio Miami, nuestro estímulo para que se sobrepongan a estos días de gran impacto.
Les habló para radio-miami.org, y “Desde Miami”, Roberto Solís Ávila.