Política en todo: ¿ Por qué…?

    Los razonamientos podrían llevarnos a no poder contestar bien a este interrogante. Todo es muy variado en este mundo real y material. La política, al menos yo la entiendo así, es como expresión de búsqueda de un objetivo determinado sin que en la mayoría de las ocasiones sea necesaria o lleve intrínseca una razón para ello. Nos han acostumbrado a “politiquear” constantemente y con vehemencia sobre cualquier cosa.

Nosotros los cubanos somos especialistas en estas “artes”. Casi jamás podemos tocar un tema en que no mezclemos “la política” en el conversatorio. Si se critica algo sobre,  por ejemplo, la atención médica que recibió un amigo o familiar  en un centro de salud aquí en Miami, el final es tal o más cual aspecto sobre lo caro e inhumano del sistema y aquí  salta y se  menciona a Cuba como ejemplo de esta  genuina y honesta atención social.  Igual ocurre con el asunto de los precios de la educación superior en Estados Unidos, cuando algún hijo o amigo se gradúa de una carrera universitaria, sale lo que se tuvo que pagar o se debe y Cuba vuelve a la palestra.

En fin el ejemplo comparativo de nuestra tierra, la de todos, en cualquier cosa es como una obligación en la retorica moderna. Igual sucede cuando nos metemos en discusiones sobre asuntos políticos en que siempre prevalecerá que nuestros eruditos y nuestros guías, de los cuales hemos aprendido de sus estilos personales y de líderes,  siempre tienen la razón y los equivocados son todos los demás.

Reconocer que estamos errados cuando de principios se trata, es una especie de pecado capital. “O todo o nada” es una divisa compensatoria a nuestras acostumbrados formas de mostrar los esfuerzos por mantener impuesta una posición inquebrantable donde inclusive  la ofensa y calificativos peyorativos a los otros,  que “son distintos” no escapa de la discusión.

De todas formas esto al parecer nadie lo cambia, al menos por el momento.

Lo traigo a colación pues  me llega una sana  sugerencia sobre lo que ocurre hoy en día – el acercamiento entre las dos naciones enemigas durante má de medio siglo –  y nuestra intransigente forma de mantener las cosas en vivo. Si nos retrotraemos los primeros años de la Revolución Cubana, donde los que abrazamos ese sistema de cosas que buscaba un único y mejor futuro, ya no solo para Cuba sino para toda  la humanidad, llegamos a pensar que éramos el ombligo del mundo. Lo mejor de lo mejor. Y hoy sigue prevaleciendo esta motivación, sobre todo dentro de los progresistas del gueto.

Los años pasan y con ellos los acontecimientos se disgregan y otras matices superan los status quo de las cosas de ”blanco y negro” absolutos, pero al parecer no nos damos cuenta y seguimos con la cantaleta imparable y a veces hasta fanática.  El discurso de que somos los mejores y que jamás nos equivocamos prevalece casi siempre. Sobre todo en este Miami revuelto, al que llaman algunos el territorio de los exiliados (muchos oportunistas) otros la otra Habana y nuestro grupo,  emigrantes por Cuba.

Recuerdo en una ocasión que servía de maestro de ceremonia y me dirigí al grupo  presente con estas palabras: “Amigos y compañeros exiliados, desterrados o emigrantes…” y allí se formó un murmullo como de asombro de escuchar semejante “ barbaridad”, pues al entender de la mayoría  todos éramos iguales emigrantes y “no exiliados ni desterrados jamás” como algunos así expresaron. Nadie recordó que al llegar aquí por las vías que fueren, la inmensa mayoría se acogió al Acta de Ajuste Cubano y sus beneficios para ser después residentes legales o ciudadanos estadounidenses. Esas tres categorías siempre existieron, ¿ o no ?

Hasta aquí les dejo un poco de imaginación para sus reflexiones.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.