Permisos para posible terrorismo

   Después de los criminales atentados de 11 de setiembre en New York, se han ido tomando algunas medidas oficiales  para prevenir actos terroristas de toda índole. En el caso de los aeropuertos de esta nación se extremaron las precauciones con cambios de regulaciones para los viajeros, los equipajes y otros modelos de usos diarios en esos viajes.

Hasta ahora no se permite llevar en el equipaje de mano (a bordo) líquidos (perfumes por ejemplo)  y  pastas ambos de más de tres onzas de peso  y utensilios que pudieran usarse para realizar un acto considerado terrorista, una cuchilla aun pequeña una tijerita chica,  un corta uñas, un abridor de botellas, etc.,  ya fuere como  explosivo, liquido inflamable  o una intimidación contra un miembro de la tripulación o los pilotos durante el vuelo. También los pasajeros tienen que quitarse los zapatos, los cintos, los abrigos, gorras, sombreros,  las billeteras, relojes, joyas, adornos, celulares, laptops, tabletas,  etc.,  en fin también  todos los contenidos de los bolsillos incluyendo dinero en monedas, etc., y pasarlo todo  por separado en cajuelas por dentro de los túneles de revisión con cámaras de rayos X, antes de caminar  hasta el avión.

Con esto se podría evitar – según los reguladores oficiales – cualquier riesgo que fueran introducidos en la nave estos artículos. Viene al caso recordar que entre  las pruebas que se han hecho en diversos aeropuertos de esta nación por agentes especialistas, incluyendo el nuestro de Miami, se han pasado decenas de armas de fuego escondidas y además esos oficiales han podido meterse dentro de aviones sin ser interpelas por alguien, aun si tener pasajes, sin ser por su puesto pasajeros.

Todo este asunto de la seguridad aérea, nos recuerda que el horrendo atentado contra un avión de Cubana de Aviación, con 76 civiles, entre ellos veintitantos niños, a bordo, en un viaje sobre Barbados, en 1,976, los explosivos que ocasionaron  el desastre fueron introducidos en la nave en tubos de  pasta de dientes, y escondidas en los baños,  por dos pasajeros, que se bajaron del avión  en una escala previa a la explosión. Por cierto que aún deambula libremente por Miami, el cabecilla del terror que participó en el abominable hecho, así como otros secuaces,  con la anuencia de las autoridades de Estados Unidos.

Retomando el tema. Acabo de enterarme por las noticias de la televisión anoche, que si se suscribe cualquier viajero a un “privilegio nuevo”, evita muchas limitaciones, que le otorgaría portar una tarjeta que le acredita para ello, tras el pago adelantado de $ 85.00 por cinco años  (unos $ 17.00 al año = $ 1.42 al mes). Este “pase” comprado, le permitirá llevar determinados líquidos, pastas, ambos en cantidades más tolerables que antes, los  artículos que para otros siguen ilegales y también eludiría el molesto episodio de quitarse los zapatos, la  cartera, el cinto, gorras, sombreros, abrigos, etc., y hasta no escarrancharse frente a una cámara de rayos X, donde en otra parte de la instalación un empleado le observa completamente desnudo en  la pantalla de un monitor, para verificar si lleva algo ilegal en el cuerpo entre las ropas, todo antes de pasar a abordar la nave. El poseedor de la tarjeta pasaría por una cola especial para los “privilegiados”. Los demás,  que los parta un rayo, a pasar molestias como seres normales que son.

De lo sublime a lo ridículo.

Todos conocen que las salidas ilegales de cubanos, se han disparado después de que se está poniendo en juego la existencia de la criminal Acta de Juste Cubano, que tantas vidas ha costado en el estrecho de la Florida. Esta es la parte más importante a discutir por los leguleyos de por acá., y no andar por las ramas en algunos casos.

“Vengan que aquí los recibimos con los brazos abiertos, … dinero, comida, atención a la salud y  educación gratis y mucho más…”, es el lema que se les canta a los interesados en “El sueño (la pesadilla) americano”. Quizá otra de las razones pudiera ser algo así como  parodiando la guaracha de moda o, “Antes que se seque el Malecón”.

Pues vemos como se juega con la vida y la dignidad humana. Hasta el momento solo un par de recalcitrantes políticos republicanos,  que coinciden en ser del gueto, se han alzado en la palestra en contra a continuar sufragando la ley en cuestión que favorece solo a los cubanos llagar a esta nación y legalizarse inmediatamente, primero con un permiso de estancia y trabajo y después, ser residente, camino a la naturalización. Fíjense que lo hacen por solo ahorrarle al presupuesto unos dólares, no por la envergadura de peligro que esta ley representa. Su principal argumento es los gastos en que se incurre manteniendo a esos miles de cubanos desde que llegan, unos casi $ 300. Millones por año por ahora, hasta que se encaminan.

Pues llegando al punto cero del momento. Hay miles de cubanos regados por unos países de Centro América, buscando la manera de llegar por tierra a este país y tienen ya las fronteras entre estos cerradas. Solo un “milagro americano” los salvaría de ser deportados quizás a Cuba inclusive. Y eso costaría a los contribuyentes mucha plata más salvarlos de ese limbo legal donde están incluyendo mujeres, ancianos y niños. ¡ Ah ! Otra cosa, mucha gente de aquí que pasaron por situaciones similares, y parece que se les ha olvidado,  grita; ¡ Ya Miami no aguanta más…!

Por otro lado una veintena de cubanos está en la cubierto de un escampavías de los Guardacostas,  con chalecos salvavidas puestos y comiendo  raciones de guerra, esperando que un juez… si amigos solo un juez, decida su suerte, si les otorga permisos de estancia, ya que fueron sorprendidos encaramados en un faro a seis millas de la costa estadounidense, lugar de conflicto por su posible posición de tierra gringa. Este prelado necesita, después de ya llevar pensándolo un par de semanas, tres más aún  para decidir sobre el caso. Y los guardacostas más berreados cada día, por esa carga –  dicen –  que tienen y que ya no aguantan más.

Esta situación de estos pobres aventureros engañados por este espejismo yanqui, es indignante.

Les habló, Desde Miami”, Roberto Solís.

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