Reina la incertidumbre ante lo que el próximo viernes anunciará el Presidente Donald Trump sobre cuál será la política hacia Cuba de su administración. La extrema derecha cubana de Miami y sus peones en la isla que se proclaman “Disidentes” exigen al nuevo mandatario norteamericano que cumpla su promesa de la campaña electoral que hizo en una visita a Miami en la que dijo que de llegar a la Casa Blanca echaría atrás todas las medidas tomadas por el Presidente Demócrata Barack Obama tendientes a normalizar las relaciones diplomáticas con el gobierno cubano.
Ha llegado pues la “hora de la verdad” como se dice en la fiesta taurina al momento en que el torero tiene enfrentar al toro de afilados cuernos jugándose el todo por el todo.
Bastantes problemas tiene el Presidente Trump en su joven presidencia como para abrir otro frente de batalla a su Casa Blanca asediada por todas partes, con un rechazo de un 65 % de la opinión pública norteamericana, a lo que se suma su impopularidad entre los tradicionales aliados internacionales de Estados Unidos como para venir ahora a tomar medidas contra Cuba para complacer los deseos de revancha de un exilio moribundo que solo se alimenta del odio visceral que le tienen al pueblo cubano aquellos que cargan desde el año 1959 el signo de la derrota.
De Trump se puede esperar cualquier cosa. Lo mismo un gran acierto que un descomunal disparate. Desde que va a construir 30 campos de Golf en la isla para promover el capitalismo por la vía de los negocios, que se lanza por el camino incierto de nuevas confrontaciones con Cuba, algo que no quieren los cubanos de aquí ni de allá ni mucho menos los norteamericanos y el resto del mundo que no desean volver a los tiempos odiosos de la “Guerra Fría”.
Un pasito adelante o dos pasos atrás. Es la carrera entre la jicotea con su andar lento pero seguro y el cangrejo que siempre camina para atrás. En cuanto a Cuba, del cangrejo ni las muelas Mr. Trump.
Les habló para Réplica de Radio-Miami, su director Max Lesnik.











