Por Hedelberto López Blanch
En el más absoluto secreto y enorme discreción, un grupo de combatientes cubanos, que habían dado su disposición a cumplir misiones internacionalistas, fueron llamados para incorporarse a varios campos de entrenamiento, algunos de los cuales fueron a los famosos Petit 1 y 2, en la Cordillera de Guaniguanico en Pinar del Rio.
Al cumplirse 50 años de aquella histórica fecha en que en la madrugada del 12 de octubre de 1966 un grupo de militares tomaron varias lanchas en el puerto del Mariel para después abordar el buque Manuel Ascunce Doménech que los dejaría el 23 de octubre en Punta Negra (Congo Brazzaville) y de ahí seguir hacia la República de Guinea Conacky y a Guinea Bissau, varios integrantes de aquella gesta, se desplazaron hacia la ciudad de Pinar del Río donde realizaron varias actividades con el apoyo de la Asociación de Combatientes, la Asociación de Amistad Cuba-África y de la Región Militar de esa occidental ciudad.
Los internacionalistas visitaron el monumento a los Malagotes, la primera milicia creada por el Comandante en Jefe, Fidel Castro e integrada por 12 campesinos de la región de Viñales a quien se les asignó la captura del asesino Cabo Lara quien operaba en esa zona. Ellos lograron detenerlo en solo 18 días.
Víctor Dreke, presidente de la Asociación de Combatientes explicó que el motivo fue crear en Guinea Conakry las milicias que al final defendieron al presidente de esa nación, Sekou Touré de un golpe de Estado que amenazaba con derrocarlo y por el otro lado, ayudar a los combatientes de Guinea Bissau que en ese momento era uno de los movimientos más fuertes, activos y serios de África.
Augusto Veranes, uno de los citados, narra que días antes de la salida para África en el buque, se encontró con un amigo de armas que le manifestó que le habían propuesto ir a la entonces Unión Soviética a pasar un curso y Veranes le respondió que casualmente a él también se lo habían propuesto.
Cuando se encontraba en una de las caminatas por la Cordillera de Guaniguanico entre el campamento Petit 1, en la Sierra de los Órganos, y el de Seboruco, en la Sierra del Rosario, se cruzó con el amigo que había visto días antes y le preguntó, eh, tu no ibas a un curso en la Unión Soviética y éste le respondió, y que hay del tuyo.
Así son las anécdotas de aquella gesta de las que aún queda mucho por contar y en la que Cuba estuvo envuelta para ver como hoy, la libertad y la independencia alcanzan a casi todos los países de ese continente, a excepción de la República Árabe Saharauí. Habló para Radio Miami, Hedelberto López Blanch.











