No nos gustan que nos amenacen

COMENTARIOS DESDE MIAMI
OTRA VUELTA A LA TUERCA
Siempre dicen que un juego de pelota no se acaba hasta que acaba y además, hay aquel famoso cuento, el de la buena pipa, el cual se vuelve una cosa desesperante, donde se repiten las palabras constantemente.
Dice el atorrante que tenemos en La Casa Blanca que los días del gobierno revolucionario están en estado de coma y que en cualquier momento, como se dice popularmente, estira la pata. La verdad es que desde 1960 vengo oyendo la misma historia y la muerte no llega, y cruzo los dedos para que no llegue.
Ha habido tres momentos, desde 1959 a la fecha, en los que se ha podido creer que el gobierno cubano se viniera abajo.
La crisis de Octubre del 62, cuando los EEUU empezaron a bloquear a Cuba por la vía marítima y lanzaban ultimatum tras ultimatum en los que amenazaban invadir la isla si los cohetes rusos no fueran retirados.
En 1989 comenzó el derrumbe del Campo Socialista y lo que provocó el desmoronamiento de la Unión Soviética. En esos momentos, Cuba se quedó completamente sola y por donde quiera se hacían apuestas de cuándo sería que el régimen se vendría abajo, -fíjense que era «cuándo», no «si» se vendría abajo-. En verdad, aquellos fueron años terribles para el pueblo cubano. Verdaderamente creo que si no hubiera estado gobernando Fidel, hubiera sido casi imposible de mantenerse a flote.
Ahora, con la llegada del fascismo al poder en EEUU, la cosa se ha vuelto a poner muy fea. Trump ha designado al impresentable Marco Rubio para que imponga sanciones a los países que comercien con Cuba o le suministren petróleo a la isla. Además, está amenazando con eliminar las remesas familiares y los vuelos. Con todos los problemas de los apagones por falta de combustible, hay que imaginarse lo que nos viene encima si no puede entrar petróleo.
A no ser que Rusia y China se pongan de acuerdo para ayudar efectivamente a Cuba y empiecen a enviar combustibles y recursos
a la isla, sería casi imposible que se mantenga en pie el gobierno cubano. Espero que se saque de donde no hay algo que pudiera evitar el tremendo caos que pudiera ocurrir. Sin remesas, sin vuelos, sin petróleo y con amenazas por todas partes, muy pronto bien podríamos estar pasando el Niágara en bicicleta.
¡Ay Dios mío! aparte de todo lo encabronado que estoy con todo esto, qué tristeza me da con mi pueblo cubano.

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