Una miserable historia de horror.
Recientemente se celebraba con bombo y platillo el esta Republiquita Bananera de Miami, otro aniversario que al pasar del tiempo se convierte en una especia de leyenda, de tal magnitud de dolor que al llegar a su extremo ya es como un blanco purísimo logrado por el mejor de los pintores de un absurdo cuadro, falseando la realidad para impresionar. Se trata del comienzo de lo que conoció como Operación Pedro Pan, título dado por los manipuladores de la verdad como el “éxodo de niños más grande que recuerde la historia”.
¿Será que los niños por si mismos podían decidir cómo comportarse con sus vidas entonces? El verdadero record no es que se tratara del éxodo más grande de niños no acompañados por sus padres o familiares, sino la ciega obediencia a la fabricación perfecta de una “bola contrarrevolucionaria” que trataba de amedrentar por el miedo a miles de padres sobre el supuesto despojo programado por el gobierno, de la patria potestad sobre los hijos en esa nueva sociedad que recién comenzaba. La sublimidad de la estupidez de los intentos por dañar la nueva Cuba, daba comienzo.
Pero no fueron pocos los que lo creyeron y se coinvirtieron en instrumentos de las maniobras yanquis apoyados por la iglesia católica en la persona del cura Bryan O. Walsh, quien dirigió toda esa barbarie. Fueron más de 14 mil los niños abandonados por su progenitores a un nuevo mundo desconocido y lleno de cuestionamientos y dudas que después se convirtieron en amarga realidad. Albergues vigilados como si estuvieran presos, familias adoptivas desconocidas que nunca podrían sustituir a sus verdaderas, algunas hicieron mucho daño, cambios radicales en sus costumbres, afectaciones sicológicas masivas de esos menores que perdurarían por siempre, donde muchos perdieron el sentido de su identidad.
Celebrar este acontecimiento que ya cumple 55 años, con la acogida que hoy algunas de sus víctimas le otorgan, es tan miserable como el acto perpetrado en sí en 1960 al 1962. Cosas que solo pueden suceder en un gueto como el nuestro.
Aclaro que me honro en conocer y compartir con algunos de aquellos que fueron víctimas de aquel brutal momento de su historia así como rechazo el comportamiento de algunos otros que no se consideran víctimas sino oportunistas ejemplos de un falso triunfo y dan gracias a aquello tan funesto. Es como un acto de auto flagelamiento.
Toda una vida: ¡ Felicidades !
Como esta vieja y sublime canción de amor del compositor cubano Antonio Machín (1903 – 1977) y que ha sido interpretada con maestría por muchas décadas desde el mejicano Trío los Panchos, pasando por Sarita Montiel, Osvaldo Ferres e infinidad de interpretes muy buenos, hasta los días de hoy con Luis Miguel, hay hechos que se suman a su leyenda. “Toda una vida, estaría contigo…” suena el comienzo de esta pieza musical. Y esto es ni más ni menos lo que ocurrió y aun ocurre con una pareja que hoy cumple sesenta años de unión matrimonial y no podemos pasar por alto sin expresar nuestro sentir fraterno a ambos.
Max y Miriam, reciban nuestras felicitaciones por ser y existir como son. Sus inspiradores ejemplos ante la vida desde Cuba hasta este revuelto Miami, nos han ayudado a muchos y su unión en amor es algo que inspira. Junto a estos mensajes les hacemos llegar a sus ejemplares hijas, Miriam y Vivian, nuestro sentir por seguir los ejemplos como excelentes madre y padre, así mismo a sus cuatro nietos. Sesenta años se dice fácil pero ha sido, como la canción “Toda una vida”.
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.
