En Miami:  ¡ Qué casualidad, qué mala puntería !

 

   Muy pocas veces la fiscal federal Catherin Fernández Rundle, actúa contra algún agente del orden, pero como nada es absoluto, esta vez sucedió.

Hace nueve meses se escenificó un acto de abuso policial en Miami – yo le agregaría, negligencia policial también – nada nuevo por cierto. Un gatillo alegre con varios años de experiencia en la fuerza uniformada, le pega un tiro a una persona negra, acostada en el piso de una calle y con  las manos en alto. Menos mal que la herida no fue mortal.

El hombre era un terapista que trataba de auxiliar a un enfermo mental autista, blanco, que se había escapado de las facilidades donde residía y estaba sentado en la calle con un camioncito de juguete en sus manos. Esta escena ocurrió, y se publicó y reportó en sus momentos  entonces. Hoy se repite una y otra vez por los medios.

En estos días vuelve a ser noticia ya que, en una de estas raras ocasiones,  Mrs. Fernández Rundle, actúa contra el uniformado blanco, acusándolo de “manslaughter” (herir a otra persona sin premeditación), al cabo de tres cuartas partes de un año. Tuvo por lo tanto bastante tiempo para decidir y valorar las consecuencias de esta decisión. Acusar a un policía no se hace fácil, al parecer.

Pues los hechos fueron así,  y los repito después de tanto tiempo como algo para recordar,   el policía Jonathan Aledda, al ver que había un hombre blanco en la calle con algo que parecía  un arma de fuego en  sus manos, que era el enfermo con un camioncito de juguete, le dispara al tipo estando tan cerca como unos 20 pies de distancia,  pero por “una coincidencia del destino”, hiere al hombre negro, Charles Kinsey,  que estaba acostado con la manos en alto cerca  del sujeto de marras. ¡ Qué casualidad…! Este, aun consiente,  le preguntó, “¿ señor por qué me disparó?”,  a lo que el oficial, le respondió “No sé…”

Pero bueno, “del lobo aunque sea  un pelo”, hoy al fin la fiscal la toma contra el uniformado y lo imputará acusándolo del delito adecuado. Claro que se acercan las elecciones para fiscal y hay que estar con Dios y con el Diablo, como ya es costumbre.

Detener la inmigración: He aquí el dilema.  

Los cambios de lugar para seguir sus vidas, ha sido algo que el ser humano ha experimentado desde sus inicios. Desde las edades de piedra y los hombres de las cavernas, estas grandes olas migratorias han recorrido distancias tan grandes que hoy nos parecen casi imposible de creer bajo aquellas condiciones tan adversas para hacerlo.

Pasando ya a tiempos más cercanos, las épocas medievales, sentaron un precedente  y después con la revolución industrial en Europa esto se agudiza. En América se hacen receptivos varios países a estas migraciones desde el viejo continente. Hasta los días de hoy en que esta “costumbre de emigrar” aumenta  con razones económicas de buscar una mejor vida.

Este fenomeno de emigrar de un país a otro más prospero, es muy dificil de acabarlo ni siquiera de reducirlo. Sobre todo en esta potencia tan grande que es Estados Unidos. Mientras esta nación no disponga de un mayor deseo de colaboración con lo menos agraciados del continente y del mundo entero, será cada vez más dificil reducir la inmigracón, toda vez que está provocada por la explotación brutal del imperio hacia los paises tercermundistas.

El caso cubano desde la llegada de los españoles, otros europeos y chinos, la isla se hace receptora de mucha emigración. Sucede igual con Estados Unidos, país de rápido  crecimiento que atrae por sus oportunidades donde el emigrante ocupa un papel preponderante sobre todo en las partes agrícolas y de construcción, cuando los nativos yanquis no quieren ocupar estas posiciones de duro contendido laboral.

Como dato curioso, los cubanos, viajeros ilegales a Estados Unidos, el pasado año fueron de unos 10 mil. Este año en lo que ha transcurrido, en más de tres meses, solo han entrado cien  ilegalmente, después que el 12 de enero, en que  el presidente Obama suspendió, de un  planazo, la legalización de “pies secos/pies mojados» de los criollos. Ahora  son tratados igual que el resto de los emigrantes sin papeles de cualquier otro país., incluyendo la devolución, claro está.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.

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