Gerardo Machado

Por el Dr Salvador Capote

En mayo de 1928, Gerardo Machado promulga la nueva constitución, llamada constitución de Machado, que sirvió para dar aspecto legal a la prórroga de poderes y al continuismo. Con vista a las elecciones, a las que asistiría como candidato único, Machado presenta una plataforma política que es fiel reflejo de su enteguismo a los intereses norteamericanos. En ella expresa que la solución de los problemas económicos de Cuba radica en un entendimiento con Estados Unidos para que rebaje los aranceles a los productos cubanos y especialmente al azúcar. Con fingido nacionalismo, Machado propone la sustitución de importaciones con productos cubanos, pero no dice que sus inversiones en diversas fábricas serían las primeras favorecidas.

     Para construir sus obras faraónicas Machado dejaría endeudada a la República en cientos de millones de dólares. El contrato para construir la carretera central, cuyo costo sería el doble del estimado inicial, se otorga a la compañía Warren Brothers y a una empresa constructora de la cual Machado es accionista. El Capitolio Nacional, imitación del capitolio de Washington, sería el producto de su mentalidad de colonizado, un verdadero monumento al plattismo.

    A pesar de que la opinión pública norteamericana es cada vez más adversa a Machado a medida que conoce mejor la brutalidad y los crímenes de su régimen, y a pesar de que no ha pagado los préstamos anteriores, a fines de 1930 Machado recibe la noticia de que le han concedido un nuevo empréstito por 80 millones de dólares. En 1931 y 1932 la crisis económica se profundiza, la oposición aumenta y la represión alcanza el nivel de orgía de sangre. Para Washington, Machado continúa siendo un fiel lacayo pero el apoyo a éste daña la imagen internacional de Estados Unidos, mientras que la inestabilidad creciente del país, que el tirano no es capaz de controlar, pone en peligro las inversiones norteamericanas  en la isla.

    El 4 de marzo de 1933, en medio de la Gran Depresión –catástrofe del capitalismo a escala mundial- se inaugura el primer período presidencial de Franklin Delano Roosevelt. La política del Buen Vecino que estrena el nuevo presidente –maquillado rostro del imperio para los países del sur-  no concuerda con el apoyo a la tiranía machadista. El 14 de abril, James D. Phillips, corresponsal del New York Times en La Habana, es testigo presencial de los asesinatos, en las cercanías del Castillo del Príncipe, de los hermanos José Raimundo y José Antonio Valdés Daussá. Cuatro días después,  Roosevelt anuncia el envío a Cuba como embajador a Benjamin Sumner Welles, quien daría comienzo a la Mediación, intento de salir del machadato por una vía pacífica que no afectase los intereses de Estados Unidos en la isla. No obstante, el embajador mentiría reiteradamente a sus superiores acerca de la situación existente con el fin de provocar la intervención militar de Estados Unidos.
   La crisis económica, grave de por sí, Machado la agudiza con el pago religioso a la banca extranjera del capital y los intereses de onerosos empréstitos acumulados y por el aumento en los gastos militares, en vano intento de conservar el poder mediante la compra de la fidelidad de los uniformados. El terror era imprescindible para la supervivencia del régimen. El 7 de mayo llega a Cuba Sumner Welles y rápidamente mueve sus fichas utilizando sobre todo a los viejos y desprestigiados caudillos de la oposición política.
    Terminando el mes de julio los obreros del transporte de La Habana van a la huelga y ésta se propaga escalonadamente hasta convertirse en huelga general. Al llegar el mes de agosto los acontecimientos se precipitan. El día 7 se propaga la falsa noticia de la caída de Machado, el pueblo sale a las calles y es masacrado por las fuerzas represivas. Al día siguiente, Welles presenta a Machado una “solución” a la crisis política que no era otra cosa que un verdadero ultimátum: Machado debía renunciar o Estados Unidos intervendría nuevamente en Cuba. El tirano juega su última carta enviando al embajador de Cuba en Washington, Oscar Cintas, para hablar con Roosevelt, y recibe como respuesta la cínica afirmación de que si Machado renuncia se convertiría en un gran hombre. Se repetía una vez más la lección no aprendida por lacayos y mercenarios: el imperio los desprecia y abandona  cuando dejan de ser útiles.

A partir del día 10 las conspiraciones en las fuerzas armadas se multiplican, el día 12 Machado huye en un avión de seis plazas y deja a su vez abandonados a la mayoría de sus seguidores. Les habló para ustedes, Dr Salvador Capote