Se ha dicho con sabichosa sabiduría que cuando comienza una guerra la verdad es la primera víctima en caer en combate. Ahora con esta peligrosa situación que se ha producido en Siria con el supuesto bombardeo con armas químicas a la población civil en una ciudad ocupada por los enemigos terroristas del Presidente Bashar Al Assad y el subsiguiente ataque aéreo de los Estados Unidos a un aeropuerto militar de la aviación Siria, el mundo se pregunta quien es quien dice la verdad, si los norteamericanos que acusan al gobierno sirio de un acto criminal de lesa humanidad o si fueron los terroristas sirios los que tenían almacenadas las armas químicas que fueron dispersadas al ambiente cuando ocurrió uno de los tantos bombardeos que allí se suceden a diario en ese largo conflicto de nunca acabar.
Lo cierto es que cualquier a que haya sido el autor de tan espantoso crimen merece la más enérgica condena que no podrá tener perdón de Dios. Pero sigue en el aire la pregunta de quién fue el culpable, si El Presidente sirio Bashar Al Assad o sus enemigos terroristas que Estados Unidos apoya y calificándolos de “combatientes por la libertad”.
La duda sigue en el aire, sobre todo con el antecedente de lo que ocurrió en tiempos del Presidente George W Bush que llevó a Estados Unidos a una guerra basada en el falso argumento de que Sadam Hussein tenía un arsenal de armas químicas que amenazaban al mundo cuando eso no era cierto, y se descubrió el embuste mucho tiempo después de miles de muertos y la destrucción de todo un país.
No es la primera vez ni será la última que ocurra algo así. Primero la mentira, después la guerra y al final la verdad que siempre viene después. Si de nuevo ese fuera el caso quedará confirmado el aserto que dice que el hombre es el único animal que tropieza con la misa piedra. Ya se los dije antes. Que la mentira viene siempre primero y la verdad solo se abre paso después. Ahí se las dejo y los pongo a pensar.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.











