La Soledad es mala consejera

Europa que ha realizado los mayores aportes a la humanidad y que ha sido escenario de dos guerras mundiales, de la Guerra Fría y de la lucha armada en Ucrania, otra vez atraviesa momentos difíciles.
Avisada desde hace casi 80 años de la supremacía nuclear de Rusia, con la cual se encuentra virtualmente en guerra y tratada ahora con humillante desdén por Estados Unidos; más exactamente por Donald Trump, deberá realizar difíciles escogencias sin que para ella haya una fórmula ganadora.
Desde la caída del Imperio Romano, no ha existido en Europa un liderazgo político a escala continental capaz de contener o arbitrar los numerosos litigios locales. La Primera Guerra Mundial evidenció la peligrosidad de esa situación que el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson trató de resolver promoviendo los 14 puntos y creando la Sociedad de Naciones.
En el Desafío americano (1968) escrito cuando Paris se sublevaba, ocurría la Primavera de Praga y las tropas del Tratado de Varsovia entraban el Checoslovaquia, Jean-Jacques Servan-Schreiber, ilustraba acerca de cómo por gravedad, de modo indoloro, en la posguerra, Estados Unidos, “colonizó” a Europa occidental y por diferentes razones y métodos, pero con idénticos resultados, Europa Oriental se acopló con la Unión Soviética.
La Alemania nazi  que nunca tuvo la intención de establecer un liderazgo en Europa, sino una supremacía opresora, realizó la oprobiosa ocupación, del Viejo continente que fue rescatado por la magnífica y eficaz alianza de Estados Unidos, la Unión Soviética y Gran Bretaña, a la cual se sumaron la República China y los destacamentos de la resistencia contra la ocupación fascista.
La alianza no sobrevivió a la victoria, entre otras cosas, por la sorpresiva  muerte de Roosevelt, de la cual los conspiranoicos de hoy pudieran sospechar, y Europa se dividió, según una imagen acuñada por Churchill, “… Por un telón de hierro extendido desde el mar Báltico hasta el Adriático. De un lado quedó Europa occidental y del otro, Europa oriental.
Durante unos 40 años, la Guerra Fría consolidó esa división, hasta que sorpresivamente entre 1998 y 1991, como en un efecto dominó, colapsó el socialismo real en Europa, incluida la Unión Soviética. El hecho de que todos los países ex socialistas y los 20 surgidos en la ex Unión Soviética, incluida Rusia optaran por la democracia liberal y la economía de mercado y se convirtieran al capitalismo, creo una etapa de concordia de la cual Rusia, incluso China formaron parte.
Estados Unidos y la Unión Soviética no sólo derrotaron al fascismo, sino que construyeron las bases del orden internacional planetario, crearon las reglas que dieron lugar al derecho internacional y las infraestructuras para hacer viable la convivencia politica. La ONU es un logro civilizatorio que, aunque necesita ser actualizado, como quien aplica un cosmético, es una conquista civilizatoria que ninguna alianza circunstancial puede sustituir.
El ambiente que permitió la reconstrucción de Europa, la consolidación de la Unión Soviética y el campo socialista, la descolonización, la cooperación en la conquista del espacio, la coexistencia pacífica y el fabuloso desarrollo de China y de las potencias emergentes, que no era perfecto, en 2022 fue dinamitado.
La aventura en Ucrania, mal calculada, evitable y que todavía puede ser frenada, se ha convertido en una devastadora y cruenta guerra cuatripartita, librada por la OTAN, Ucrania, Rusia y Estados Unidos y otros 30 países que, cuatro años después no ha podido ser ganada, está destrozando las bases y desconociendo la necesidad de la convivencia europea que ha sido difícilmente construida.
Ocurra lo que ocurra entre Ucrania y Rusia, el daño ocasionado a la cohesión de occidente es ya una catástrofe civilizatoria. Rusia quedará apartada de Europa por un larguísimo período y, Europa sin rusia será un “pato cojo”, lo mismo será Rusia, un país europeo, sin Europa.
La política de Trump para Europa que pudiera parecer un ejercicio de soberanía que libera a Estados Unidos de una carga material y de un compromiso moral, y que le permite libertad de movimientos para enfrentar a China, unido a otras manifestaciones políticas basadas en una ilusión de autarquía, puede resultar fallida.
Ni siquiera el elefante que por su estatura y su fuerza no conoce depredadores no puede vivir solo. Tal vez, más temprano que tarde las superpotencias militares que hoy la ningunean o desafían se percaten de algo que no deberían ignorar: Europa no es prescindible. Allá nos vemos.

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