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La misma trinchera

En la misma trinchera

No siempre los cubanos llegaron a los EE.UU. para mejorar económicamente, huyéndole a la justicia revolucionaria, a llorar diciéndole a Washington que invadiera la isla para rescatar propiedades, a soñar en hacerse multimillonarios o para vivir del cuento anticomunista o de la ayuda del Seguro Social.
En una crónica de semanas atrás –Mambises yanquis la titulé— contamos sobre la gran cantidad de ciudadanos norteamericanos que pelearon y murieron por la independencia de Cuba, crónica basada en una investigación del Presidente del Instituto de Historia de Cuba, el analista y escritor René Gonzales Barrios.

En otra de sus investigaciones González Barrios va en dirección contraria y en un inicial trabajo escribe sobre cubanos que participaron o ayudaron en los conflictos bélicos de los Estados Unidos.

Es sabido que los soldados de Jorge Washington no eran como lo mambises que peleaban sólo por el ansia de libertad e independencia. Los de Washington se amotinaban y dejaban las armas si no recibían la paga o cuando se les vencía el tiempo de servicio.

Por tal razón a veces peligró el curso de la guerra, por falta de soldados, pues Jorge Washington a veces careció de los fondos necesarios para pagar a sus patriotas. En una ocasión en Cuba se recaudó un millón 800 mil pesos oros reales, dinero que se le hizo llegar y salvó la situación.

En otra ocasión más de mil 200 combatientes habaneros del Regimiento de Fijos de La Habana y los Batallones de Pardos y Morenos, junto a tropas españolas desalojaron a los ingleses de la Florida, el cauce del río Mississippi y las islas Bahamas.

Cuando la Guerra de Secesión, de 1861 a 1865, entre el norte industrial y el sur esclavista, muchos nacidos en Cuba pelearon junto a las tropas de la Unión.
El camagüeyano Antonio Lorenzo Loaces fue uno de ellos. Había estudiado medicina en los Estados Unidos y se incorporó al cuerpo de sanidad militar desde el inicio hasta el final de la guerra. Regresó a Cuba durante la Guerra de los Diez Años y fue uno de los 35 jinetes que participaron en el legendario rescate del brigadier Julio Sanguily. Luego combatió subordinado a Máximo Gómez. Sirviendo a la sanidad militar fue hecho prisionero y fusilado en 1875 en Puerto Príncipe.

Camagüeyano fue también el odontólogo Ángel del Castillo Agramonte, quien se unió a las milicias de Pennsylvania. Igual que su coterráneo Luaces, cuando la Guerra de los Diez Años, se alzó en su provincia y con grado de brigadier del Ejército Libertador murió en combate en 1869.

Médico era Sebastián Amábile Correa, quien ingresó como soldado en el Ejército de la Unión. También, luego en Cuba, se sumó a los mambises y murió en 1869 a consecuencia de heridas en combate.

Dos hermanos, Federico y Adolfo Fernández Cavada Howard, de Cienfuegos, también pelearon en el ejército de Abraham Lincoln. Federico alcanzó el grado de teniente coronel y Adolfo fue capitán.

Ambos, luego en Cuba, fueron mayores generales del Ejército Libertador. A Federico le llamaban “el general Candela” y los españoles lo fusilaron en Nuevitas en 1871. Ese mismo año, en la Ciénaga de Zapata moría de paludismo su hermano Adolfo, que era capitán.

Pero los cubanos no solo pelearon junto a norteamericanos en su territorio, entre el Río Bravo y Canadá.
Durante la Guerra Civil Española de 1936 a 1939, junto a los más de 2 mil norteamericanos que se incorporaron a la Brigada Abraham Lincoln para defender a la República, pelearon mil 412 cubanos.

Poco después, durante la Segunda Guerra Mundial, hubo más de mil 700 cubanos integrados a los ejércitos aliados en los diferentes frentes de combate. En un parque de Banes hay un pequeño monumento a la memoria de 24 holguineros que murieron combatiendo en esa guerra. Varios de esos combatientes más tarde se sumaron a la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. El historiador González Barrios menciona en su artículo, publicado en el periódico Granma, a varios de ellos.

Servando Montó y González, hijo de un mambí de origen español, a los 17 años se fue a los EE.UU. y se enroló en el ejército. Integrando la 82 División Aerotransportada desembarcó en Francia y fue herido en combate. De regreso en Cuba, en 1957 se incorporó al M-26-7 y al triunfo de la Revolución, como capitán de la fuerza aérea rebelde, fue piloto del avión ejecutivo de la presidencia. Actualmente es miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Carlos Gutiérrez Menoyo, jefe del comando que atacó el Palacio Presidencial en 1957, quien murió en la acción, era también veterano de la II Guerra Mundial. También lo fueron Calixto Sánchez White y Humberto de Blank Ortega, asesinados junto a sus compañeros por el ejército batistiano luego de desembarcar en 1957 por la costa norte oriental. Calixto Sánchez era el jefe de la expedición.

Porfirio Estévez Ferrá, condecorado varia veces por el ejército estadounidense, tras la guerra regresó a Cuba y comenzó a trabajar en la cantina de la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana. Una noche los esbirros batistiano lo sacaron de su casa y al día siguiente apareció muerto de cuatro balazos.

El destacado pintor Julio Girona y el escritor y periodista Rómulo Lachatañeré, luego de combatir la dictadura machadista, enfrentaron al fascismo en las filas del ejército norteamericano. Los periodistas revolucionarios José Antonio Benítez y Rolando Meneses sirvieron en la marina.

El historiador René Gonzáles Barrios, en su muy interesante artículo, cita el libro “Del Hudson al Elba,” testimonio del holguinero Armando Díaz Fernández, de la 69 División de Infantería del 1er. Cuerpo del Ejército, quien combatiendo desde Francia a Alemania varias veces fue felicitado por su valor en combate. Sin embargo se sentía marginado y escribió: “…a ser cubano atribuía yo el hecho de que nunca hubiera sido ascendido. A veces lo atribuía a mi comportamiento, un tanto rebelde; pero esta sospecha desaparecía cuando veía ascender a otros más rebeldes, más incultos, pero de descendencia anglo-sajona.”

Esperemos nuevas informaciones, pues el Presidente del Instituto de Historia de Cuba afirma que esta es una historia todavía por escribir, una deuda que con sus pueblos tienen los estudiosos del pasado de ambos países.

rene-gonzalez-barrios-presidente-del-instituto-de-historia-de-cubaRené Gonzales Barrios Presidente del Instituto de Historia de Cuba

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