Naila Ayrado Rivero y Ernesto CordovÍ *

 

José Martí  desde pequeño fue grande al ver donde otros no veian.   Su poder de discernimiento, el cultivo de la poesía, sus conocimientos  diversos  lo convirtieron tempranamente  en un poeta simbolo para hispanoamerica  por su gran cultura general, que le llevó  a investigar y conocer  profundamente el pensamiento imperial  de  Estados Unidos, para ello su principal instrumento fue el periodismo.

Juan Marinello otro gran intelectual cubano se refería que Martí   «el más completo retrato de la Norteamérica de su tiempo» durante su estancia en Estados Unidos mientras que José Antonio Portuondo entendía que «hay en Martí el mejor crítico de la vida americana y sus Escenas norteamericanas constituyen un brillantísimo panorama de lo que era Estados Unidos», en los años finales del siglo XIX.

Pero es en La verdad sobre los Estados Unidos, un texto analítico de alto valor sociológico y político, donde el Maestro penetra más a fondo en las realidades de la Norteamérica de la época, cuyos aspectos más negativos han llegado hasta hoy multiplicados. En su aspiración de sopesar de una manera dialéctica sus juicios, Martí escribe: “Es de supina ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos, y de las conquistas reales o aparentes de una comarca suya o grupo de ellas, como de una nación total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas: semejantes Estados Unidos son una ilusión, o una superchería”.

Martí, quien tuvo que enfrentar en buena parte de su vida el peligro nocivo del anexionismo, quebró lanzas hacia quienes, en su adoración desmedida por el dinero y el progreso, idolatraban a EE.UU. sin ser capaces de ver sus grandes males y el peligro que representaba para otros pueblos del mundo, empezando por las repúblicas americanas. Por eso alertó:

“En unos es el excesivo amor al Norte la expresión, explicable e imprudente, de un deseo de progreso tan vivaz y fogoso que no ve que las ideas, como los árboles, han de venir de larga raíz, y ser de suelo afín, para que prendan y prosperen, y que al recién nacido no se le da la sazón de la madurez porque se le cuelguen al rostro blando los bigotes y patillas de la edad mayor”.

Y prosigue el Apóstol: “En otros, la yanquimanía es inocente fruto de uno u otro saltito de placer, como quien juzga de las entrañas de una casa, y de las almas que en ella ruegan o fallecen, por la sonrisa y lujo del salón de recibir, o por la champaña y el clavel de la mesa del convite (…) vívase, en el palacio y en la ciudadela, en el salón de la escuela y en los zaguanes, en el palco del teatro, de jaspes y oro, y en los bastidores, fríos y desnudos: y así se podrá opinar, con asomos de razón, sobre la república autoritaria y codiciosa, y la sensualidad creciente, de los Estados Unidos”.

Martí nunca perdió de vista el origen de la nación cubana  cuando apuntó: “Lo que ha de observar el hombre honrado es, precisamente, que no solo no han podido fundirse, en tres siglos de vida común, o uno de ocupación política, los elementos de origen y tendencia diversos con que se crearon los Estados Unidos, sino que la comunidad forzosa exacerba y acentúa sus diferencias primarias, y convierte la federación innatural en un estado, áspero, de violenta conquista”.

El investigador e historiador  cubanos Pastor Gusman  ha dicho …»Al cabo de mucho más de un siglo, estas alertas de José Martí debieran estar más que nunca en la conciencia de la gran comunidad cubanoamericana en la Florida que, por desgracia, se ve obligada a dedicar la mayor parte de su tiempo a la supervivencia, adormilada por una propaganda que abruma y desvirtúa, que desinforma y embrutece, cuyo objetivo es fomentar el odio contra los enemigos del imperio, tendiendo a la idiotización de lectores, oyentes, televidentes e internautas en mensajes que los consideran estúpidos.»

Lo que ocurre hoy en el imperio no es más que el fruto evolucionado y descomunal de lo que ya entonces vislumbró el Apóstol; en una nación cada vez más dispar, llena de contradicciones de todo tipo, que ha convertido “la federación innatural en un estado de violenta conquista”. De ahí la agresividad desmedida de un imperio que lucha a brazo partido por impedir que otras naciones se le equiparen y rebasen, poniendo en grave peligro la paz mun

Estados Unidos es, desde el punto de vista estructural, un estado fallido con una democracia fallida que ha hecho práctica cotidiana el caldeo de la situación internacional como fuente de ingresos de su hipertrofiada industria armamentística y modo de desviar la atención de sus males internos a supuestas causas foráneas.