
La amplitud, eficacia y suficiencia con que, a pesar de devastadores golpes propinados por Estados Unidos e Israel, Irán sobrevive y conserva capacidades combativas para responder a los ataques del ejército más poderoso del mundo y de su cliente, Israel cuya suma aporta una superioridad aérea y naval abrumadora, contiene algunos enigmas no dilucidados. ¿Habrá planeado Irán una emboscada estratégica?
Entre las tácticas militares existe la “exploración por el combate” consistente en emprender acciones aparentemente decisivas que, sin comprometer las fuerzas principales, provocan la reacción enemiga que, al responder, muestra sus efectivos, descubre los emplazamientos y permite calcular sus capacidades combativas para, con los blancos a la vista, introducir las fuerzas principales.
Se trata de operaciones de corta duración, más aparentes que reales y típicamente diversionistas destinadas a engañar al enemigo que, aunque en ocasiones resultan costosas pues conllevan el sacrificio de fuerzas y medios propios, suelen ser exitosas al aportar valiosas informaciones.
Dado los desarrollos tecnológicos aplicados a la esfera militar, incluidas la exploración aéreo-espacial, los datos de inteligencia compartidos, que son prácticas propias de la cooperación global que permite a países como Irán e Israel, beneficiarse de las capacidades de Rusia y China y las de Estados Unidos y la OTAN respectivamente, así como los aportes de la esfera informática y la inteligencia artificial (IA).
A tenor con estos recursos técnicos y científicos, parecería que la emboscada y la sorpresa estratégica, son recursos anticuados y trascendidos. Tal vez no ocurra así.
En junio de 2025 Estados Unidos se involucró directamente en los intercambios armados entre Israel e Irán desplegando lo que llamó Guerra de los 12 días, en la cual utilizó lo mejor y más destructivo de su arsenal aéreo, bombarderos estratégicos B-2 Spirit, bombas anti bunker GBU-57 y misiles crucero Tomahawk. Todos contra las plantas de Fordow, Natanz e Isfahán, todas instalaciones críticas del programa nuclear iraní
Los aviones B-2 Spirit, son capaces de cubrir 1.000 kilómetros sin reabastecimiento y volar durante decenas de horas continuas con unos 23.000 kilogramos de armamento.
Las bombas GBU-57 cargan entre 14.000 y 30.000 libras de explosivos, lo cual unido a un mecanismo de retardo para la detonación, penetran hasta 200 metros de concreto reforzado antes de estallar. Sus procedimientos de guía mediante GPS le permiten una alta precisión.
El día del bombardeo, varios B-2 despegaron desde la base aérea de Whiteman en Misuri, poniendo rumbó a Irán. Para cubrir la distancia de más de 11.000 kilómetros, emplearon cerca de 20 horas de vuelo por rutas no convencionales, reabasteciéndose en el aire varias veces. En el conjunto de la operación, contando cisternas, escoltas, exploración y otros menesteres, se emplearon unos 125 aviones.
El B-2, es el avión de guerra más caro de todos los tiempos, 2.200 millones de dólares por unidad; por estar concebido, sobre todo para lanzar bombas atómicas, ha realizado pocas misiones. Son tripulados por dos pilotos y debido a que opera a grandes distancias, cuenta con facilidades para solucionar necesidades y realizar breves descansos.
El empleo de entre 12 y 14 de estas bombas y 30 Tomahawk, permitieron a Estados Unidos declarar la destrucción severa de las infraestructuras atacadas, lo cual significaba la total destrucción de las capacidades de Irán para enriquecer uranio y sepultar para siempre el que hubieran obtenido.
Curiosamente, en toda la operación, Irán no disparó una sola arma antiaérea y ninguno de sus aviones o misiles despegó, cumpliéndose, según creyeron los norteamericanos el carácter furtivo y devastador de la operación.
Además de los significados militares, mediante más de 50 oleadas de misiles, Irán ha golpeado de modo contundente objetivos militares e infraestructuras en Israel y en bases militares de Estados Unidos en unos 8 países; atacando además grandes instalaciones petroleras y gasíferas, albergues de tropas y buques; procediendo además al cierre del estrecho de Ormuz, donde ataca barcos que transportan cargas hacia o desde Israel y Estados Unidos, incluido petróleo.
Aunque los mandos militares de los Estados Unidos por estar constantemente implicados en guerras de diferentes envergaduras cuentan con vastas experiencias y están suficientemente entrenados, las decisiones estratégicas se adoptan en instancias con menor calificación militar y escasos conocimientos de los adversarios a quienes se enfrentan.
Genios militares de la talla de Napoleón cayeron en trampas como la tendida por el mariscal Mijaíl Kutuzov en Moscú que todavía se estudia como referente de emboscadas estratégicas, uno de cuyos recursos más socorridos es dejar al enemigo penetrar, hacerse la ilusión de que pueden vencer, tal como le ocurrió a Hitler y sus generales en la Unión Soviética en cuya profundidad penetraron sus huestes, pero de donde no pudieron salir.
El mar y el aire son espacios que por su inmensa amplitud se controlan con técnicas y relativa facilidad, pero no se conquistan ni aportan victorias decisivas. En todos los tiempos los buques, los misiles y los aviones proyectan el poderío aéreo naval a tierra y pueden destruir países, pero no ocuparlo y sin ocupación no hay victoria.
¿Se animarán Estados Unidos e Israel a la aventura de invadir a Persia donde tantos conquistadores fracasaron? Sería preferible que no lo intentaran. Hay en el mundo demasiado sufrimiento y dolor. Allá nos vemos.
Irán. Emboscada Estratégica, por Jorge Gómez Barata
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