Irán: el Poder, la Fe y la Guerra

Separar el poder de la religión, lo cual no impide a los políticos y gobernantes profesar la fe de su elección, fue en occidente un avance civilizatorio trascendental que prácticamente todo el mundo, incluso países de mayoría musulmana han adoptado, mientras unos pocos, ejerciendo su derecho a la autodeterminación, no lo han hecho, Irán es uno de ellos.

Irán una antiquísima y poderosa nación, otrora un imperio persa cuya evolución lo ha llevado al establecimiento de un estado teocrático, circunstancia generadora de cierta dualidad de poderes, funciones y competencias a escala social. De hecho, allí, existen dos poderes, dos parlamentos, dos mecanismos electorales, dos ejércitos y un liderazgo y medio.

En un país de casi 100 millones de habitantes y más de un millón de kilómetros cuadrados, con una poderosa economía y un desarrollo industrial que hacen del mismo una potencia emergente, entre otras cosas un gran fabricante de armas, Irán profundamente enemistado con Estados Unidos, Israel, además de con sus vecinos árabes, con enorme protagonismo internacional e influencia en el comercio y balance energético mundial.

Por añadidura, Irán se encuentra en ruta de colisión con Naciones Unidas y Europa debido al tema nuclear, especialmente el enriquecimiento de uranio más allá de los límites permitidos por el Tratado de No Proliferación Nuclear, del cual es parte, y la Agencia  Internacional de Energía Atómica. Incluso, China y Rusia que son socios y aliados se unieron a occidente para negociar el Tratado de Acción Integral Conjunto, conocido como 5+1, adoptado en 2015 y que ya no existe debido, sobre todo, a la decisión del presidente de Donald Trump de retirarse del mismo.

Según el legado del ayatola Ruhollah Jomeini, fundador en 1969 del estado islámico y primer Líder Supremo, concibió su propio cargo y papel en la sociedad como el de un “jurisprudente justo, piadoso, consciente y valiente”, lo cual fue incluido en la Constitución aprobada en referéndum nacional por la inmensa mayoría de los ciudadanos.

El poder político en Irán es ejercido por la jerarquía religiosa representada por el ayatola Líder supremo, constitucionalmente jefe de estado, cargos ejercidos ahora por Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido Alí Jamenei, el Consejo de Guardianes de la Revolución, un cuerpo de supervisión electoral, tribunal constitucional y consejo legislativo, integrado por 12 miembros, seis alfaquíes (juristas) designados por el Líder Supremo y seis por el poder judicial, previa aprobación del parlamento.

Del poder forman parte también la Asamblea de Expertos, cuerpo deliberativo inspirado en la fe, formado por 88 miembros encargados de elegir al Líder Supremo cuando ocurre una sede vacante como ocurrió recientemente ante el asesinato del líder Supremo. A ellos se suma la Guardia Islámica, una entidad armada paralela a las fuerzas armadas del país, a cargo, entre otras cosas, del programa de misiles balísticos y la armada. Se trata del cuerpo militar más poderoso del país, subordinado al Líder supremo

Curiosamente, en la Constitución del estado se definen las responsabilidades del Líder supremo quien, en su persona reúne los atributos, poderes y competencias de líder religioso y jefe del estado. Entre sus facultades figura, además de los asuntos litúrgicos y religiosos, establecer las políticas generales de la República Islámica y supervisar su ejecución, decidir sobre hacer la guerra o acordar la paz, designar los principales cargos políticos, militares y religiosos de las estructuras del poder y otros. En esas funciones, el Líder Supremo es asistido por el Consejo de Discernimiento de Conveniencia del Sistema, nombrado por él mismo

La otra estructura de poder que gestiona el estado y administra los asuntos públicos, entre ellas la defensa nacional, es dirigida por el presidente (jefe de gobierno) que, aunque es electo por el voto directo de la ciudadanía y rinde cuentas ante el parlamento, en los asuntos temporales y mundanos (cuestiones cotidianas), opera con independencia, en temas trascendentales su poder es mediatizado por la jerarquía religiosa, de ahí su condición de medio gobierno.

Como mismo ocurre en todos los países donde el estado es una entidad que actúa a través de las instituciones y, en nombre del pueblo vela por el bien común de los ciudadanos y, aunque en general representa los intereses de las clases económicamente dominantes, en democracia, en los estados laicos de occidente, actúa como mediador entre las diferentes clases y capas sociales y con su gestión reguladora, según una expresión atribuida a Federico Engels, “Evita que la sociedad se desangre en estériles y perennes luchas”

El estado con poderes separados (legislativo, ejecutivo y judicial), hace las leyes mediante las cuales, regula los asuntos constitucionales, sociales y laborales, se ocupa del ejercicio de las libertades y derechos de los ciudadanas, incluidas las de conciencia y culto religioso, los derechos humanos y civiles, los marcos legales y regulatorios, los asuntos económicos globales (moneda, finanzas, fiscales y otros), la administración de justicia, el modo como operan las instituciones armadas y de seguridad, los sistemas escolares y estudiantiles de atención a la salud pública, las relaciones con otros países y organizaciones internacionales el derecho de familia, incluso el modo como los automovilistas deben conducir y cómo las personas circulan por las calles.

En condiciones de paz social, los estados ejercen estos inmensos poderes no contra la sociedad, sino en beneficio de ella, por lo cual no suele generarse oposición contra el mismo. En raras ocasiones las revueltas y las revoluciones ocurren contra el estado o el sistema, lo usual es que sea contra los gobiernos.

En la presente coyuntura, en que Irán libra una devastadora guerra que ocasionan la muerte a miles de personas y la destrucción del patrimonio público y privado que conlleva a la ruina económica, es obvio que, en algún momento, los gobiernos de Estados Unidos, Israel e Irán, de algún modo deberán negociar.

En ese supuesto, teóricamente, el gobierno de Estados Unidos, en representación del estado, actuarán a tenor con el interés nacional, sin ninguna limitación, excepto los preceptos constitucionales y las leyes del Congreso, en tanto que Irán deberá atender, además de a esos requerimientos a la voluntad de la jerarquía religiosa, personificada en el Líder supremo que actúa sobre la base de las demandas de la fe, de la Sharía o ley islámica, de las percepciones del ayatola al mando, sometido también a presiones provenientes de los radicales y moderados ubicados a su izquierda y a su derecha.

La posición claramente injerencista del presidente Trump que prevé la derrota de Irán y su “rendición incondicional” es de rechazo, no sólo al Líder Supremo Mojtaba Jamenei, recién designado, sino a cualquiera que ocupe ese cargo y ejerza las funciones asignadas al mismo lo cual significaría una revisión de la estructura del poder en Irán y de hecho un cambio de régimen.

El momento es para Irán de una tensión extrema y de peligros enormes porque, se enfrenta a dos ejércitos, uno de ellos el de Estados Unidos probablemente el más poderoso del planeta, respaldado por la mayor economía del mundo. Contra Irán se vuelven además de Israel, los aliados europeos, asiáticos, incluso árabes de Estados Unidos, lo cual pone en peligro su existencia como estado y nación.

Descartada la posibilidad de que pueda vencer a los Estados Unidos y a sus aliados que en conjunto lo superan con creces, obviamente, la mejor opción es detener la guerra. La cuestión es cómo hacerlo cuando se le demanda la rendición incondicional. Pocas veces un país agredido tuvo tan pocas opciones. Espero que al valor y a la fe no le falte la inteligencia para resolver tan nefasta encrucijada. Allá nos vemos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *