Identidad de los conflictos. Primera y segunda parte               


Algunos conflictos internacionales son tan longevos que su origen se desdibuja hasta llegar a ser irreconocibles para observadores y protagonistas contemporáneos. Entre los más antiguos figuran los de Oriente Medio y el de Estados Unidos y Cuba.
En una ocasión pedí a los estudiantes. “Necesito que alguien, con pocas palabras, diga ¿Cuál es la causa de los conflictos en Oriente Medio? Ninguno levantó la mano. Una joven me retó: “Debido a que nosotros no podemos, dijo, hágalo usted”.
Mi respuesta fue: Se trata de la partición de Palestina. Es decir, de la desafortunada decisión de instalar en Oriente Medio, exactamente en territorio de Palestina, entonces una virtual colonia británica, un estado judío y otro árabe. Una acción imperial mediante la cual  se expropió territorio árabe para entregarlo a europeos, norteamericanos y norafricanos, sólo porque sus remotos antepasados fueron judíos, lo cual creó un conflicto todavía vigente.
Según la evidencia histórica, todos los grandes focos de fricción internacionales fueron originalmente evitables y, pasado el tiempo, ninguno es insoluble. Incluso puede que algunos sean resultado de equivocaciones, decisiones incorrectas, errores de cálculo, manipulaciones y desencuentros circunstanciales.
El diferendo que involucra a Estados Unidos, Irán e Israel que ha llevado a una guerra de virtual exterminio con la cual, dos de los más poderosos ejércitos y economías del mundo, Estados Unidos e Israel, auspician una especie de “solución final” mediante la cual, con violencia extrema, aspiran a extirpar de raíz el llamado problema de Irán.
Entonces expliqué que, en 1947 cuando estaba a punto de expirar el “mandato” en virtud del cual, en calidad de “potencia encargada”, Gran Bretaña gobernaba a Palestina, la ONU creó el Comité Especial de Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP), para proponer una solución al conflicto existente entre la población árabe y los judíos que, en número de casi un millón, como parte de una enorme maniobra política del sionismo mundial, se  habian instalado allí esperando ese momento.
Irán fue uno de los 11 países que integró el Comité Especial de Naciones Unidas Para Palestina (UNSCOP) encargado por el Consejo de Seguridad de encontrar una fórmula para solucionar el conflicto planteado entre judíos y palestinos. El Comité presentó el fatídico Plan de Partición de Palestina.
La propuesta fue aprobada por 8 de los 11 miembros del Comité, Irán, India y Yugoslavia, votaron en contra, prefiriendo un estado federal único. Paradojicamente el denostado sha de Iran, Mohammad Reza Pahlavi (que no era árabe, sino persa), fue contrario a la partición de Palestina y predijo que aquella extraña e injusta acción conduciría a luchas durante generaciones. Así ha ocurrido.
En 1947, Irán votó en contra de la partición, no por cuestiones de principio sino porque consideraba que era mejor la creación de un estado binacional en el cual ambos convivieran y en 1948, por las mismas razones, se opuso a su ingreso en la ONU. No obstante, fue el segundo país musulmán en reconocer a Israel después de Turkiye.
Después Irán sostuvo relaciones aceptablemente cordiales con el estado judío hasta el derrocamiento del sha en 1979, cuando, debido a la confrontación de la República Islámica con Estados Unidos y consiguientemente con Israel, el país fue arrastrado a una confrontación con el estado hebreo que ha llevado a la peor guerra que se haya librado en Oriente Medio.Descartando la derrota incondicional de alguno de los contendientes y la certeza histórica de que ninguna guerra es interminable, la agresión de los Estados Unidos e Israel contra Irán, puede terminar de dos maneras: los agresores se dan por satisfechos con la destrucción causada, como ha sugerido Trump quien ha dicho que allí no queda nada por destruir; o se realizan negociaciones hasta llegar a algún tipo de acuerdo.Dada la naturaleza de la estructura estatal iraní en la cual está presente con carácter determinante el elemento religioso, estructuras clericales y organizaciones armadas y de seguridad con capacidad para imponer sus puntos de vista, para Irán es más difícil elaborar consensos y posiciones suficientemente flexibles como para encarar negociaciones decisivas.

Aunque parece que, todavía a la guerra puede quedarle recorrido, y la manipulación informativa no permite discernir lo que ocurre en los campos de batalla y los conciliábulos políticos, es obvio que el escenario más difícil se presenta para Irán en cuyo territorio se libran las acciones principales, no cuenta con alianzas decisivas y necesita ejercer la resistencia al poderío estadounidenses e israelí. A esta entente, pueden sumarse los aliados europeos, incluso la OTAN y los países árabes que, por alojar bases norteamericanas, están siendo arrastrados al conflicto.

Pero les cuento de otros conflictos y sus identidades.

II

Mis abuelos, mis padres y yo, mis hijos, los de ellos y otros que vivieron antes, hemos sido parte del conflicto entre Estados Unidos y Cuba, algo que no tenía obligatoriamente que suceder y puede ser resuelto para que quienes lo sufren dejen de hacerlo y, aquellos que están por venir no lo padezcan. Sí, se puede.

Eso es precisamente lo que, en 2014 trataron de hacer los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, que ahora se reitera y vuelve a dar muestras de realismo y determinación al asumir conversaciones con los Estados Unidos para tratar de  en la solución de un diferendo que, con altas y bajas, dura más de 100 años y, entre otras cosas, ha perdido razón de ser.

El diferendo entre Cuba y Estados Unidos se gestó alrededor de 1901 cuando, en el Congreso de los Estados Unidos se discutía la pertinencia de conceder la independencia de Cuba, entonces militar y políticamente ocupada por Estados Unidos, que para ejercer su dominio tenía instalado un gobernador en la Isla. Entonces se aprobó la conocida Enmienda Platt.

El almanaque prueba que ese diferendo es anterior a la Revolución y que se gestó antes de que Fidel y Raúl Castro nacieran, mientras los documentos y las intenciones evidencian que se trata de un conflicto de carácter político de la nación cubana con el imperialismo norteamericano, ajeno a la ideología o al partidismo.

La Enmienda fue un instrumento jurídico, entronizado por el interés de los Estados Unidos de condicionar la política exterior de la naciente república, lo cual, de modo desconsiderado y brutal, mutiló la independencia de la Isla. Según el artículo uno del texto: “…El Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la independencia de Cuba ni en manera alguna autorice o permite a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicha Isla. Nació así un estado eunuco.

Ante la oposición de los constituyentes cubanos ante semejante arbitrariedad, con la Isla militarmente ocupada (1899-1902), Estados Unidos ejerció presiones extremas, llegando al límite de declarar: “Hay Enmienda o no hay república”. Finalmente, por 16 votos a favor y 11 en contra, el oneroso texto que fue impuesto a la Convención Constituyente cubana y se incorporó a la Constitución de 1902, la cual concedió a Estados Unidos potestad para intervenir en la Isla.

Se trató de una acción humillante que recordaba el derecho de “pernada”, o de la “primera noche”, ejercido por los señores feudales sobre las doncellas en su noche de bodas.

Así de la arbitrariedad y la fuerza, nació el diferendo entre Cuba y los Estados Unidos que estuvo vigente en la República hasta 1934 cuando bajo la administración de Franklin D. Roosevelt, ponente de la politica de “buen vecino” fue derogado.

Durante la etapa republicana (1902-1959), Estados Unidos no sólo ejerció las potestades que le confirió la Enmienda, entre otras, poseer la base militar de Guantánamo, sino que asumió  la tutela politica de la Isla, regida por gobiernos nativos, básicamente subordinados

Más de medio siglo después, en 1959 triunfó la Revolución liderada por Fidel Castro que, en cumplimiento de su programa de reivindicaciones nacionales, como parte del rescate de las riquezas, expropió propiedades de empresas y ciudadanos estadounidense, lo cual disgustó al gobierno de los Estados Unidos que estableció, primero embargos al comercio y luego el total bloqueo económico, comercial, financiero que, sumamente recrudecido está vigente todavía.
En el ínterin, para protegerse de las amenazas y agresiones de todo tipo, incluidas militares como se evidenció en la invasión por Bahía de Cochinos, Estados Unidos sumó amenazas, presiones y actos violentos, incluidas acciones terroristas, sabotajes, incluso intentos de asesinar a Fidel Castro, en una estrategia de supervivencia, actuando de modo soberano, Cuba estableció relaciones con la Unión Soviética que evolucionaron hacia una estrecha alianza política, económica y militar que conllevó incluso a la instalación de misiles nucleares en la Isla.
Entonces y durante mucho tiempo después, aun cuando aquel armamento no existía, Estados Unidos esgrimió el argumento de que Cuba, aliada de la Unión Soviética, representaba un peligro para su seguridad, a lo cual sumó elementos asociados a la actividad solidaria de la Isla que incluyó la ayuda militar a varios países. Una socorrida retórica, emplazaba al liderazgo cubano acusándolo de “exportar la revolución”.
La paradoja del momento y que resta identidad  al conflicto mencionado, es que la Enmienda Platt fue abolida desde 1934, la Unión Soviética no existe hace unos 40 años, Cuba carece de intenciones y de recursos para representar un peligro a la seguridad de ningún país, limitando sus acciones solidarias a expresiones simbólicas y alguna asistencia médica. Tampoco realiza ninguna actividad militar en el extranjero y no dispone de un modelo político exportable.
Entre otros elementos estas realidades y la voluntad politica de encontrar soluciones, llevaron a tres administraciones estadounidenses a gestos de distensión que Cuba correspondió. En noviembre de 1963, Kennedy le pidió al periodista francés Jean Daniel que, en franca misión de paz, a pesar de los encontronazos pasados, conversara con Fidel Castro para explorar directamente las posibilidades de avanzar en la solución del conflicto bilateral. La muerte del joven mandatario impidió otras gestiones y arreglos.
En 1977, por iniciativa del presidente James Carter, acogida con beneplácito por Fidel Castro, tras breves negociaciones, se acordó establecer secciones de intereses en las capitales de ambos países. Y, por fin en 2015, los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, asistidos por competentes negociadores, con apoyo del Vaticano, la Iglesia Católica Cubana y gobiernos amigos, restablecieron las relaciones diplomáticas.
Aunque la pobre cobertura de la prensa cubana a tales asuntos y los escasos estudios y análisis nacionales en tiempo real; en Cuba, dada la opacidad informativa, se desconocen el impacto a escala social, de modo impresionista, se tiene la convicción que comparto, de que la sociedad, recibe con beneplácito y es feliz cuando se le anuncia que existen gestiones y avances para solucionar el diferendo con Estados Unidos.
Hoy día, a pesar de que existen agravios y problemas circunstanciales, el  único obstáculo verdaderamente decisivo a la concordia que permitiría a Estados Unidos y Cuba convivir como vecinos y no como adversarios, es el bloqueo o embargo recrudecido que, no obstante, no impidió a Raúl Castro avanzar en la normalización de las relaciones entre ambos países.
A pesar de las tensiones, desde hace algunas semanas, altos cargos de los Estados Unidos, incluidos el presidente y el secretario de Estado, insisten en que se han establecido canales de diálogos y/o negociaciones con representantes cubanos; cosa recientemente reconocida por el presidente Diaz-Canel, quien, aunque de modo exageradamente breve, homologando discreción con secretismo, reconoció que tales contactos o negociaciones existen, precisando que se trata de un proceso conducido por el general de ejército, Raúl Castro, líder al frente de la Revolución, lo cual asegura moderación, eficacia y un pragmatismo inteligente.
Años atrás, Víctor Manuel González, un eficaz cuadro de la Revolución, cuya amistad me honra, me comento: “Un obstáculo confrontado por Fidel es que nunca ha tenido la oportunidad de hablar con un presidente de Estados Unidos…”, juicio que comparto. Los que hoy tienen esa oportunidad, como hizo  Raúl, deben ser consecuentes y actuar con fidelidad a la máxima fidelista: “Ellos hubiera sido como nosotros y nosotros como ellos”. Allá nos vemos.

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