Habitual pregunta cubana: ¿ Cuánto durará ?

 

Algunas son ya las modificaciones – reducciones –  de obstáculos que ha presentado el imperio estadounidense en contra del pueblo cubano. Sobre todo desde que se restablecieron relaciones diplomáticas y hubo una primera visita  presencial yanqui después de 88 años.

Una de esas razones para seguir el camino de la normalización, es la eliminación total y completa del unilateral bloqueo contra los cubanos y otras cositas más,  pero la principal sería esa.

No obstante se han abierto grietas  a esta situación y se han permitido algunos comercios, en cuanto a la salud, medicamentos y tecnología y materias primas para ello. Educación, cultura en intercambios, en fin ya la cosa no está como hace un par de décadas. Ha mejorado algo.

Inclusive se entronizó un aparato netamente yanqui en las áreas de rentas de viviendas para el turismo a los visitantes conocida por Airbnb, que pretendía y así lo hace, convertirse en útil vehículo para facilitar los alquileres temporales de espacios en partes de viviendas o completas inclusive, a visitantes a la isla, ya fueran de cualquier país, pero era algo nuevo para los cubanos, ya que se les brindaba la oportunidad de mejorar sus estándares de vida, con lo que les producía rentar parte o toda su propiedad por poco tiempo,  a otras persona recibiendo estos pagos en divisas fuertes.

La organización – léase negocio – de servir de intermediario para estos efectos, daba resultados mientras los ingresos por cobros de los servicios se efectuaban dentro de los tiempos prudenciales, entre una semana más o menos, después de prestados.

Pero la cosa, como es ya casi costumbre en lo que tenga relación con cubanos,  lamentablemente, se complica cuando no se cumplen los compromisos comerciales donde está envuelto un sistema de pagos, en este caso de origen yanqui. Ya Cuba cuenta con unas 4 mil residencias disponibles suscritas a Airbnb y esto caminaba sobre ruedas, hasta hace poco en que las demoras en recibir  los cobros por parte de los dueños de los espacios para huéspedes, son ahora de un mes en promedio, están haciendo peligrar la existencia de este negocio, que está supliendo la falta de capacidad hotelera del país en respuesta  al incremento vertiginoso de un turismo en ascenso que podría ser ya de más de  unos cuatro millones en este año.

Según explicaciones – no justificaciones, digo yo – de los involucrados,  el obstáculo está en las dificultades bancarias para poder manejar envíos que oscilan en 1.5 millón  mensuales. Se ha manejado la posibilidad de usar la famosa y legendaria  compañía Western Unión, que tiene agencias en toda la isla,  para ello, pero aun no hay una respuesta firme sobre esto y mientras  tanto los usuarios ven acercarse dificultades en reservaciones a través del Airbnb, ya que  son varios los que disponían de estos espacios en Cuba, que se están yendo fuera de continuar haciendo  negocios a través de este procedimiento.

Para hacer un aparte, este sistema se usa en muchas partes de esta nación y del mundo entero y en el caso del área del Gran Miami, la cosa se ha vuelto controversial, con sus “tejemanejes”, de seguirlo permitiendo o no y hasta del cobro de impuestos a los dueños de viviendas que se beneficien de esto. Esto sin dudas, tanto aquí como en Cuba, presta un servicio mucho más barato que los negocios de este tipo – hoteles y moteles,  casas de huéspedes, etc. –  con la diferencia que en la isla se hace casi una necesidad por la falta de cifras en ofertas para el turismo.

Al margen de todo lo anterior, un amigo me hablaba sobre las posibilidades de que cubanoamericanos inviertan en negocios en Cuba, ya que había oído truenos sobre esto. A lo que respondí que a mi escaso parecer esto no es permitido, aún, – sin caer en detalles –  aunque hay algunos que así lo hacen pero a través de sus familiares o amigos en la isla. Paladares, hostales, pequeños moteles, y hasta industrias como fabriquitas de muebles y otros enseres para el hogar,  de poca monta, etc.,  pero, repito, a nombre de sus parientes allá.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.

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