
Como resumen de todas las opiniones que me critican por mi animadversión al futbol, aquí va el artículo que me ha enviado desde un lejano punto del planeta- la isla de Reunión en el océano Indico- el entrañable amigo, profesor universitario francés Salim Lamrani quien se baja de su erudita cátedra para también desternillarse el esqueleto dando estentóreos gritos de Goooool. Dice así el profesor Lamrani:
“He leído con mucha atención su nota sobre el fútbol y le debo decir que no comparto su opinión ni la de Borges.
El fútbol es arte y permite devolverles la dignidad a los que no tienen nada. Pienso como Pier Paolo Pasolini y le propongo que lea el siguiente extracto del intelectual italiano:
«Por razones de cultura y de historia, el futbol en algunos pueblos es fundamentalmente prosaico: prosa realista o prosa estetizante (este último es el caso de Italia), mientras que el fútbol de otros pueblos es fundamentalmente poético.
En el fútbol hay momentos que son exclusivamente poéticos: los momentos del «gol». Cada gol es siempre una invención, es siempre una perturbación del código: todo gol es «ineluctabilidad», fulguración, estupor, irreversibilidad. Precisamente como la palabra poética. El máximo goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año. En este momento lo es Savoldi. El fútbol que expresa más goles es el fútbol más poético.
También el regate es de suyo poético (aunque no «siempre» como la acción del gol). De hecho, el sueño de todo jugador (que todo espectador comparte) es arrancar del centro del campo, driblar a todos y marcar. Si, dentro de los límites permitidos, cabe imaginar algo sublime en el fútbol es precisamente esto. Pero no sucede jamás. Es un sueño (que sólo he visto realizar en Maghi del pallone, de Franco Franchi, que, aunque sea a un nivel rústico, ha conseguido resultar perfectamente onírico).
¿Quiénes son los mejores regateadores del mundo y los mejores goleadores? Los brasileños. Por lo tanto, su fútbol es un fútbol poético: de hecho, en él todo está basado en el regate y en el gol.»
Un abrazo, Salim Lamrani .
Solo me quedan por decir dos cosas. Una, que como en mis tiempos juveniles fui campeón de esgrima, en el arma de la espada-año 1948, le digo al francés Lamrani en su propio idioma¨: “Tuche”.
Y lo otro, que me queda el consuelo de que el gran amigo y colega periodista cubano Ciro Bianchi, me apoya en mi criterio negativo sobre el futbol al decir que compartir enteramente mi opinión.
Una de cal y otra de arena. La mezcla perfecta para construir la casa de la buena amistad.
Les habló para Replica de Radio-Miami su director Max Lesnik.










