Fiesta del Fuego en Santiago de Cuba: El Caribe que nos une

El evento cultural se insertó en el proyecto político de integración de la región y la defensa de la identidad de “El Gran Caribe”…

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Fiesta del Fuego en Santiago de Cuba: El Caribe que nos une
Santiago sigue siendo Santiago. (AIN)
  • Festival del Caribe (Fiesta del Fuego). Es un evento internacional artístico, académico y de espacios comunitarios, que se celebra anualmente en la ciudad de Santiago de Cuba, en la primera semana del mes de julio. En el mismo se pueden disfrutar de actividades teóricas y culturales tales como: exhibición de movimientos artísticos, artesanía popular y artes plásticas.

A Santiago la llaman la más caribeña de las ciudades cubanas. El epíteto no se circunscribe únicamente a su posición geográfica, sino a la historia y la cultura de los habitantes de esta ciudad, que mantuvieron un contacto asiduo con los pueblos asentados en otras islas de la región, lo que repercutió en la gastronomía, la moda, incluso, en el acento a la hora de hablar.

Cada año, en el mes de julio, Santiago se convierte en la capital del Caribe como resultado de un proyecto cultural que hace más de tres décadas emprendió un grupo de intelectuales liderados por el investigador Joel James.

La XXXV edición de la Fiesta del Fuego, celebrada del 3 al 9 de julio, confirmó el valor integracionista y solidario de esta cita, que contó con más de mil invitados de una treintena de naciones, cifra récord para el encuentro. Entre sus motivaciones especiales estuvo la celebración de los 500 años de la fundación de Santiago de Cuba.

La Mancomunidad de Las Bahamas fue el país homenajeado en el evento, al que asistió con una delegación de más de trescientos artistas e intelectuales, entre ellos investigadores, chefs de cocina, diseñadores de modas, pintores y músicos y bailarines; quienes cautivaron al público con sus demostraciones del Junkanoo, carnaval identitario de esa tierra.

Precisamente el carnaval, considerada una de las expresiones más importantes de la identidad caribeña, acaparó uno de los segmentos más trascendentales del festival, con la fundación de la Red de Carnavales del Caribe, nacida durante los debates del coloquio “El Caribe que nos une”. Además, el segmento teórico desarrolló un programa dedicado a los 500 años de la villa de Santiago, a la cultura y las tradiciones de Bahamas y en sus sesiones especiales asumió la constitución de esta iniciativa integracionista, promovida por el Carnaval de Barranquilla, Colombia, la Asociación de Estados del Caribe y la Casa del Caribe, de Santiago de Cuba.

La Red se concibió para establecer lazos de colaboración en la gestión, protección y difusión de las fiestas tradicionales populares, y está integrada por 11 países de la región.

Carla Celia, directora del Carnaval de Barraquilla, dijo a Cubahora que uno de los objetivos de la Red es crear espacios para que cada una de las fiestas populares aporten sus saberes y crear un gran evento que reúna todas esas experiencias y manifestaciones artísticas.

Además de la delegación procedente de Bahamas, la de República Dominicana fue una de las que más expectativa generó, al anunciar la participación del merenguero Johnny Ventura, acompañado de la cantante y Mariladia Hernández y el proyecto La Gallera, de Jochy Sánchez.

El espectáculo que presentaron en el Teatro Heredia puede ser considerado uno de los sucesos culturales del año en la isla. La presentación propone un recorrido por la historia y la cultura de la también llamada Quisqueya la Bella, mediante sus más reconocidos merengues.

En conferencia de prensa, Ventura manifestó su alegría por visitar por primera vez a Cuba, cuya música le ha acompañado desde la infancia, cuando ni siquiera soñaba con ser artista y se dedicaba a imitar a cantantes como Benny Moré, que causaban furor en las victrolas.

A sus más de 70 años, Ventura rememoró cuando con apenas 17 años integró la orquesta acompañante de El Benny durante sus presentaciones en República Dominicana, de cuya experiencia guarda, como una reliquia, la partitura que le obsequió con el arreglo especial que hizo para la gira del tema Arrullo de palma.

Durante su estancia en Cuba, Ventura ha podido disfrutar de primera mano de toda la riqueza musical cubana, primeramente en la tierra del Trío Matamoros, y luego en La Habana, donde ofrecerá dos conciertos los días 10 y 11 de julio, en un espectáculo que ha organizado con su hijo Jandy Ventura.

La serie de conciertos del cantante en los escenarios cubanos es solo el comienzo de un provechoso intercambio con el público de la Mayor de las Antillas, que incluye la producción, junto a Tony Ávila, de un disco en el que predominan los géneros típicos de las dos naciones caribeñas. “Hay bachatas, guarachas, sones y algunas sorpresas. Es un honor inmenso compartir con Tony y estoy muy entusiasmado porque es la primera vez que grabo en Cuba y con músicos cubanos, lo que supone incorporarle al material toda la sabrosura de esta tierra”, dijo Ventura.

Ventura adelantó que espera volver a Santiago de Cuba a fines de 2015 o principios del año próximo, y que esta vez espera presentarse al aire libre con un espectáculo que incluya canciones arregladas especialmente para honrar a esa bella ciudad y su pueblo.

La Quema del Diablo, el Desfile de la Serpiente, descargas musicales y las invasiones de congas y paseos llevaron la algarabía a las centenarias y ondulantes calles santiagueras, donde en cada esquina es posible encontrar una tarja que rememora un hecho histórico o a un trovador andante que improvisa sobre la armonía de las Lágrimas negras de los Matamoros.

El Festival del Caribe o Fiesta del Fuego ha servido para poner en evidencia facetas poco conocidas de la cultura cubana, que históricamente ha visualizado más sus raíces españolas y africanas, y ha tenido una proyección hacia otras regiones, a pesar de la cercanía geográfica con las Antillas.

La confrontación de la realidad cubana con otras como la haitiana, la dominicana y el arco de las Antillas Menores permitió encontrar preocupaciones socioculturales y expresiones artísticas comunes, impuestas por la insularidad, y que pueden compartirse más allá de las barreras lingüísticas.

El evento cultural se insertó en el proyecto político de integración de la región y la defensa de lo que algunos expertos han llamado la identidad de El Gran Caribe, en contraposición a los planes de división que imperaban al amparo de los intereses coloniales.