Eso solo tiene un nombre: ¡Fidel Castro Ruz!

 

 

Hoy, día de fiesta en Cuba y en cualquier lugar del mundo donde luche un revolucionario, alguien que desee un mundo mejor, dedico el espacio de la crónica a reproducir un muy famoso poema del Indio Naborí, (Jesús Orta Ruiz), verdadera crónica poética del primero de enero de 1959, que hizo vibrar de emoción a todo el pueblo cubano y que cada vez que se escuche reproducirá esa misma emoción. Naborí lo títuló “Marcha triunfal del Ejército Rebelde” y dice así:

¡Primero de Enero!

Luminosamente surge la mañana…

¡Las sombras se han ido! Fulgura el lucero

de la redimida Bandera Cubana.

El aire se llena de alegres clamores,

se cruzan las almas saludos y besos,

y en todas !as tumbas de nobles caídos revientan las flores

y cantan los huesos.

Pasa un jubiloso ciclón de banderas

y de brazaletes de azabache y qrana,

mueve el entusiasmo balcones y aceras,

qrita desde el marco de cada ventana.

A la luz del día se abren las prisiones

y se abren los brazos: se abre la alegría

como roja rosa en los corazones

de madres enfermas de melancolía.

Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes,

con trajes de olivo vienen de las lomas,

y por su dulzura, los héroes triunfantes

parecen armadas y bravas palomas.

Vienen vencedores del hambre y el frío

por el ojo alerta del campesinado

y el amparo abierto de cada bohío. . .

Vienen con un triunfo de fusil y orado.

Vienen con sonrisa de hermano y amigo,

vienen con pureza de vida rural,

vienen con las armas que al ciego enemigo

quitó el Ideal.

Vienen con el ansia del pueblo encendido,

vienen con el aire y el amanecer,

y, sencillamente, como el que ha cumplido

un simple deber.

No importa los días de guerra y desvelo,

no importa la cama

de piedra o de grama,

sin otra techumbre que ramas y cielo.

No importa el insecto, no importa la espina,

la sed consolada con parra del monte,

la lluvia, los vientos, la mano asesina

siempre amenazando en el horizonte.

¡Sólo importa Cuba, sólo importa el sueño

de cambiar la suerte!

!Oh, nuevo Soldado que no arruga el ceño,

ni viene asombrado de tutear la muerte!

Los niños lo miran pasar aguerrido

y piensan, crecidos por la admiración,

que ven un Rey Mago rejuvenecido

y con cinco días de anticipación.

Pasa fulgurante Camilo Cienfuegos,

alumbran su rostro cien fuegos de gloria

Pasan capitanes, curtidos labriegos

que vienen de arar en la Historia….

Con los invasores pasa el Che Guevara,

alma de Sarmiento que trepó el Turquino,

San Martín quemante sobre Santa Clara,

Maceo del Plata, Gómez argentino…

Pasan lindas reinas sin otras caronas

que su sacrificio: cubanas marciales,

gardenias que un día se hicieron leonas

al beso de Doña Mariana Grajales…

Ya entre los mambises del bravío Oriente,

sobre un mar de pueblo, resplandece un astro,

ya vemos la cálida frente,

el brazo pujante, la dulce sonrisa de Castro…

Lo sigue radiante su hermano Raúl,

y aplauden al pasa del Héroe ciudades quemadas,

ciudades heridas que serán curadas

y tendrán un cielo sereno y azul.

Fidel fidelísimo, retoño martiano,

asombro de América, Titán de la hazaña

que desde las cumbres quemó las espinas del llano

y ahora riega orquídeas, ¡flores de montaña!

Y esto que las hieles se volvieran miel,

se llama… ¡Fidel!

Y esto que la ortiga se hiciera clavel,

se llama. . . ¡Fidel!

Y esto que la Patria no sea un cuartel,

se llama. . . ¡Fidel!

Y esto que !a bestia fuera derrotada por el bien del hombre,

esto que la sombra se volviera luz,

esto tiene un nombre, sólo tiene un nombre:

FIDEL CASTRO RUZ.

    Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Dlegado.

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