Traducido del más allá por Max Lesnik
Por más que recorrí toda la querida ciudad de La Habana tratando de comprar dulce de “Raspadura” de caña, para satisfacer mis añorantes deseos de reencuentro con mi pasado de tiempos escolares, me tuve que quedar con las ganas, puesto que en toda la capital cubana y sus entornos es imposible encontrar a la venta una sola Raspadura.
Me dijeron que si quería comer Raspadura tenía que viajar al interior de la isla, que por allá por los pueblos villareños de Camajuaní o Vueltas-allí nací yo en el año 1930- era posible encontrar “Raspadura” elaborada de manera artesanal en un viejo trapiche de caña, que si mal no recuerdo tenía años atrás por nombre el de “Los Verracos”.
De manera que si alguno de los lectores de El Duende sabe dónde puedo comprar una “Raspadura”, que me lo deje saber en el Hotel Florida situado en la calle Obispo, en el mismo corazón de La Habana Vieja, que es allí donde pernocto cada vez que pongo mis pies en Cuba.
¿Y a qué viene todo este buscar y rebuscar dulce de “Rapadura” en La Habana? No piensen que es un capricho personal de El Duende. Es algo más que eso. Se trata de que si no hay un puesto de “Fritas” y abundante “Raspadura en cada esquina” habanera , La Habana no será La Habana, por mucho que trate de remozarla el incansable Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal.
Digo y repito que ando desde hace rato en busca de una amelcochada “Raspadura” cubana en La Habana, como las que yo saboreaba con deleite en mis tiempos de juventud.¿ Alguien me puede ayudar a encontrar una “Raspadura” para satisfacer mi apetitoso y nostálgico paladar? Ahí se las dejo de tarea y los pongo a buscar. ¡Ayúdenme Eusebio Leal y Ciro Bianchi, por favor!
Y hasta mañana jueves amigos de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.











