Durante 67 años el problema más urgente de Cuba ha sido el mismo: el ataque constante de Washington.Durante mucho tiempo la salida del laberinto creado por Washington sólo era posible mediante conversaciones y acuerdos que permitieran la coexistencia de ambos en términos amables y cooperativos. Intentos los hubo pero debido a una u otra razón nunca se pudo llegar a resultados positivos.
Luego del desmerengamiento del bloque soviético, las cosas empeoraron. Se aprobó la Ley Helms-Burton y eso convirtió el caso Cuba en asunto de estado. Ya no sólo era decisión absoluta de la Casa Blanca. Ni siquiera de existir una mayoría en el Congreso contraria al bloqueo se podían establecer relaciones plenas como las existentes con el resto de los estados.
A partir de entonces, para Cuba negociar requiere tener conversaciones que involucren al estado en su conjunto y no sólo al gobierno de turno. Un ejemplo claro es que el presidente Obama estableció una política y al llegar Biden la recortó. Porque si no se hacen acuerdos que involucren toda la superestructura de gobierno no hay manera de llegar a compromisos de estado.
La tolerancia de los países poderosos respecto a la total independencia de sus vecinos es relativa y las excepciones como una Corea del Norte, Taiwán y otros, es únicamente porque surgieron circunstancialmente de conflictos bélicos o guerras locales. Los que no han sido resultado de conflictos de esa naturaleza, siempre estarán sujetos a determinados imperativos que tengan los poderosos de sus respectivos territorios, Es el caso de aquellos aledaños a fortalezas como China, Rusia, India, Los Estados Unidos de América y aquí paramos de contar porque si acaso hay más son menos de cinco. Las áreas de influencia son una realidad. No la inventó Monroe.
Si alguien tenía alguna duda la presencia de Donald Trump en la más reciente Asamblea General de la ONU fue una respuesta contundente y sin ambajes de que el Corolario Trump de la Doctrina Monroe, es ciertamente seria y tienen vigencia absoluta: “Cuba es un estado fallido” y agregó que estaban trabajando en eso o sea en determinar qué acciones tomar con dicha nación. Además repitió de nuevo que, si no hay acuerdo con Irán, lo desaparecerán como civilización, con lo cual afianza el sueño sionista de ejercer la influencia de los territorios circundantes.
Por esto y mucho más, no es difícil entender que Cuba se encuentra actualmente en una gran encrucijada, muy diferente a todas las anteriores, durante las cuales podía y pudo, establecer acuerdos con los gobiernos estadounidenses, cuyas presiones sobre la Isla para que hicieran cambio. nunca tuvieron el tono escatológico que caracteriza el actual período de bloqueo y sanciones.
Esta administración ha optado por una posición agresiva que en cierto modo está avalada por la propia Ley Helms Burton, la cual exige prácticamente la rendición de Cuba. Ese tono belicoso ha tenido además la ventaja de revolver el avispero de los elegidos, nacionalistas neonazis, los aburridos del caso Cuba, de quienes ven que hicieron el ridículo aplicando un política para eliminar otras tendencias sociales en el área que se ha extendido sin resultados por 67 años, durante los cuales todos los cálculos fallaron. Estos personajes de diferentes credos políticos que coinciden respecto a cuál debe ser la solución cubana, no son únicamente miembros del Partido Republicano, también hay una mayoría demócrata, esos que ayudaron o propusieron convertir los Derechos Humanos en política de estado y otros por razones de oportunismo electorero.
Estamos rodeados y negarlo es de avestruz.
Partiendo de los razonamientos anteriores, basados en observaciones de cómo se han desarrollado los acontecimientos desde 1959 a la fecha, he llegado a la misma conclusión de una opinión vertida por el ex representante federal Joe García, la cual leí recientemente en un artículo del periodista Tracey Eaton. Manifiesta García en dicha entrevista, que el mejor presidente para negociar una salida que pueda ser definitiva para Cuba, es el presidente Donald Trump.
Las razones que expone las comparto e incluso quienes han seguido el hilo de mis pensamientos a través de diferentes artículos donde toco este tema, he insistido que el gobierno cubano debe presentar una agenda de negociación en medio de este conflicto. Lo he dicho precisamente porque pienso que es mejor lidiar con una sola institución y no con varias.
Evidentemente en estos momentos Trump a través del propio Marco Rubio tiene un gran control sobre el Congreso el cual Rubio conoce de memoria porque por más de una década perteneció a la institución y tuvo cargos de relevancia, entre ellos se destacó en el Comité de Inteligencia del Senado y otros. Por otro lado tiene a su favor al Tribunal Supremo.
Si los demócratas ganan el Congreso, a partir de enero de 2027 en que tomarán posesión del cargo los nuevos congresistas electos, se convertirá en otro segmento de poder, además de la Presidencia dirigida por Donald Trump. Con ambos tendremos que lidiar para llegar a resultados favorables a ambas partes, algo extremadamente difícil, corroborado por experiencias pasadas. Por otro lado Trump ha dado muestras de ser pragmático y prestar más atención a aquellos puntos que puedan favorecer los intereses que representa y no tiene que batallar mucho para hacer lo que desea. Un acuerdo con esta Presidencia puede llevar a una revisión de la Ley Helms Burton, con lo cual Cuba quedaría al mismo nivel diplomático que el resto del hemisferio. Porque vuelvo a repetir que dicha Ley es el lechón asado de la fiesta.
El otro asunto es que los demócratas, más ideologizados que los republicanos, son excesivamente inflexibles en el manejo de los Derechos Humanos, un arma política que es como una gelatina difícil de administrar pero que cuando la aplican a otro país es catastrófica para llegar a entendimientos. Este tema se introduce en la política exterior estadounidense en épocas del presidente Carter quien quiso presentar la cara moral de un país desprestigiado con las atrocidades de la Guerra de Vietnam y el escándalo de Watergate. Fue una herramienta diplomática que se usó para juzgar a otros gobiernos.
A la altura de los acontecimientos en Cuba, de las sanciones impuestas y el bloqueo energético que posiblemente en breve pueda mitigarse, si las cosas continúan como van y no surgen arreglos prácticos, potables para ambas partes al margen de las concesiones que todos deberán hacer, la Isla sempiternamente se convertirá en un país más limitado y con pocas o ninguna posibilidad de emprender un camino de desarrollo. Y ¿por qué digo esto? Porque considero que esta política de Trump a cargo de Marco Rubio, ha dado el detestable fruto de convencer a muchos del establishment de que Cuba no quieren hacer nada en beneficio del país.
Sabemos que eso no es cierto pero muchos han interpretado que la renuencia del gobierno cubano de hacer una propuesta pública de agenda, y la propaganda de que el gobierno cubano sostiene un espíritu intransigente que impiden llegar a soluciones, es la prueba de que no merece la pena hacer nada y la mejor salida es mantener las sanciones, limitando al país en sus gestiones hemisféricas e internacionales. Es como decir “arréglesenlas como puedan y como no compartimos nada con ellos, seguiremos entorpeciendo sus relaciones internacionales en todos los órdenes”.
No me atrevo a decir que ese sería el cuadro más peligroso para la población cubana, pero sí el más catastrófico porque significaría enfrentar la renuencia del establishment a sostener ningún tipo de conversación pero manteniendo y arreciando las sanciones. Recordando siempre que las sanciones luego de Obama no comenzaron con Trump sino con Joe Biden. Lo cual indica que no se trata de simples desacuerdos con un gobierno sino con la base socio política que rige los destinos del país, denominada en lenguaje político: establishment.
De llegarse a ese estatus quo en la historia de las relaciones entre Los Estados Unidos de América y Cuba, la posibilidades de desarrollo sostenido de la Isla sería negativo, por cuanto considero que se puede hacer negocios con USA o sin USA pero nunca con USA en contra.
Si alguien me preguntara en estos momentos a quién le temo más a la hora de tomar decisiones negativas contra la población cubana con la intención de derrocar el gobierno, si a los republicanos o a los demócratas, sin titubear digo: a los demócratas.