El Partido Revolucionario Cubano: el mayor logro político de José Martí (I)

José Martí. Foto: Archivo Bohemia.

La genialidad de nuestro Héroe Nacional está fuera de toda duda, y se le puede encontrar en toda la extensión de su vida y obra. Pero el aglutinamiento en un partido político revolucionario de los principales focos de la emigración cubana con todas las diferencias de pensamiento, de acción, de clases, con todos los recelos nacidos de dos guerras independentistas frustradas, en gran parte, por el caudillismo, y unirla al propósito común de los grandes guerreros que combatieron al colonialismo español en la Isla, fue quizás el brillo mayor de su portento intelectual y patriótico.

En abril se cumplen 134 años de la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), obra maestra del Apóstol luego de salvar múltiples obstáculos, entre ellos, el espionaje español.

Con anterioridad al PRC ninguna otra fuerza pública se había encargado de coordinar esfuerzos y voluntades para lograr la independencia de Cuba y fomentar las bases democráticas de una República «con todos y para el bien de todos», con una dirección central que rindiera cuentas a su membresía de las acciones ejecutadas (1).

La elección libre y secreta de esa dirección central —Delegado y Tesorero—, así como de una eslabón intermedio: los Presidentes de los Cuerpos de Consejo —mecanismo novedoso —asestó un golpe demoledor a los rezagos del caudillismo, que trababan la consecución de una guerra inteligente contra la monarquía española y sus agentes secretos, y sobre todo, contra las pretensiones hegemónicas y embozadas del naciente imperialismo estadounidense.

Premisas del pensamiento martiano sobre la unidad revolucionaria

Desde mucho antes del inicio de la Guerra de los 10 Años, un punto estaba claro: había que desprenderse del lastre colonial español para poder crecer como nación.

Muchos fueron los esfuerzos realizados en ese sentido. Por ejemplo, la de «Soles y Rayos de Bolívar» de 1822, era sencilla y asemejaba a las empleadas por las logias masónicas: cada iniciado debía reclutar a otros seis. Cuando completaba el número indicado, se le otorgaba en el grado de «Sol», y los nuevos juramentados formaban sus «Rayos». Estuvo dirigida por el habanero, José Francisco Lemus, ex coronel del ejército colombiano, y su propósito fue el de conseguir la independencia de Cuba de la metrópoli española con ayuda del ejército de Simón Bolívar y crear la República de Cubanacán. La organización fue abortada en agosto de 1824.

En ese mismo período se había estructurado la Conspiración del Águila Negra, agrupación que sabía guardar mejor sus operaciones: la mayor parte de sus integrantes jamás fue descubierta. Esta organización político-militar fue constituida en mayo de 1823 en Veracruz, México, bajo las reglas masónicas con el propósito de liberar América Latina del yugo español. En Cuba su creación se atribuye al sacerdote habanero Simón Chávez- ex coronel del ejército mexicano. Fue desarticulada en 1829 por una delación.

A principios del siglo XIX, el negro libre José Antonio Aponte había organizado una vasta red abolicionista, la cual se extendía desde La Habana hasta el extremo más oriental de la Isla. En enero de 1812 se produjo una sublevación general de esclavos que terminó con la ejecución de Aponte y su estado mayor.

La emigración patriótica se organiza

El bochornoso Pacto del Zanjón de 1878 no logró doblegar las ansias independentistas de quienes batallaron en la Guerra Grande, muchos de los cuales se vieron forzados a emigrar.

A solo un mes después de la capitulación, ya la emigración patriota constituyó en Nueva York un Comité Revolucionario de la Emigración Cubana, el cual impulsó la idea de formar clubes revolucionarios en el archipiélago y en el extranjero con el objetivo de recaudar fondos para una futura guerra anticolonial, hacer propaganda insurrecta y preparar un alzamiento general en la Isla.

Un club se integraba, como mínimo, con cinco miembros que usaban sobrenombre y un número de orden. La actividad de cada uno de ellos solo era conocida por el comité neoyorkino. Así se iniciaron esas activas organizaciones en los Estados Unidos, Jamaica y Santo Domingo.

En la Isla, se fundaron los clubes de Santiago de Cuba, Manzanillo, Holguín, Baracoa y Guantánamo en la zona oriental. En la central estaba el de Las Villas y en la occidental los de Colón y la capital del país. En este último militaba Juan Gualberto Gómez e iniciaba sus actividades conspirativas un ardoroso tribuno: José Julián Martí Pérez. El coordinador general de todos los clubes de la Isla era el coronel Pedro Martínez Freyre.

FUENTES CONSULTADAS

(1) Hidalgo Paz, Ibrahim. El Partido Revolucionario Cubano. Guerra y democracia. Anuario de Estudios Martianos No. 15, 1992, pág. 66.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

Torres- Cuevas, Eduardo y Loyola Vega, Oscar. Historia de Cuba. Formación y liberación de la nación. La Habana, Ed. Pueblo y Educación, 2007.

Diccionario Enciclopédico de Historia militar de cuba. La Habana, Ed. Verde Olivo, T.1(bibliografías), pág 192.

  • José Martí. Foto: Archivo Bohemia.

  • José Martí. Foto: Archivo Bohemia.