El Martí incomprendido, por Elsa Vega Jiménez

 

Imagen del Pintor cubano Mario Fabelo Estrada, obra acabada de hacer para rendir homenaje al Apóstol en su natalicio 173

Hay que reconocer la valentía que caracterizaba a José Martí. Esta quedó demostrada desde su adolescencia escribiendo páginas heroicas en defensa de la independencia patria.
Pero esa característica de su vida está en extremo trillada. Hoy nos referiremos solo a lo que sucede en su forma de decir en la década de los ochenta del siglo XIX.
Ya en prosa era conocido por su libro testimonial “El presidio político en Cuba” y “La República española ante la revolución cubana”, publicados en Madrid en 1873 y también por sus renovadoras, instructivas y educativas colaboraciones como profesional de la prensa en México, Guatemala, Venezuela. Ya en 1875 se había presentado en México su obra en verso “Amor con amor se paga” la que recibió buena crítica de la prensa y del público.
En 1875 él anunció que no se aferraba a ninguna escuela. Y lo demostró en prosa al dar un novedoso enfoque a la manera de noticiar en la “Revista Universal”. El periodista deseoso de instruir y educar, investiga la esencia de la noticia, comprueba, amplía, redacta lo que informará, pero no de forma distante, se implica, hace uso del ejercicio del criterio para aprobar y, si está en desacuerdo, para ofrecer sugerencias de solución. Ese era un enfoque novedoso. Apto para ser utilizado en países donde haya libertad de expresión, no donde gobierne un caudillo a quien sea imprescindible acariciarle el oído con frases aprobatorias, aunque sean visibles errores garrafales.
Martí ha sido víctima por pensar y actuar diferente.
Otro cualquiera desiste e intenta ajustarse a las normas establecidas.
Pero resulta que Martí es un creador y en la década del ochenta del siglo XIX da a conocer algunos poemas que habían nacido de la necesidad de expresar sus sentimientos. Son sus versos libres.
Cuando comenzó a innovar en poesía, lejos de reconocer la belleza de lo novedoso de sus producciones, fue incomprendido, por el contrario, recibió fuertes críticas negativas. Puesto al día de lo que está sucediendo con su obra, redacta un prólogo para esos poemas sinceros donde aclara que no copió de nadie, que son sus visiones reflejadas en verso, pero tal como anunció en 1875 en México, con enfoque diferente de lo que la academia exige. He aquí un fragmento de esas palabras iniciales.
“No zurcí de éste y aquél, sino sajé en mí mismo. Van escritos, no en tinta de academia, sino en mi propia sangre. Lo que aquí doy a ver lo he visto antes (yo lo he visto, yo), y he visto mucho más, que huyó sin darme tiempo a que copiara sus rasgos. De la extrañeza, singularidad, prisa, amontonamiento, arrebato de mis visiones, yo mismo tuve la culpa, que las he hecho surgir ante mí como las copio. De la copia yo soy el responsable. Hallé quebrados los vestidos, y otros no y usé de estos colores. Ya sé que no son usados. Amo las sonoridades difíciles y la sinceridad, aunque pueda parecer brutal”.
Con la absoluta convicción de que no está equivocado, en reiteradas ocasiones da a conocer que es criticado, pero continuará creando, claro, de manera diferente. La suya, la novedosa, donde abandona los estereotipos y se arriesga a dar un producto literario novedoso.
“Todo lo que han de decir, ya lo sé, y me lo tengo contestado. He querido ser leal, y si pequé, no me avergüenzo de haber pecado”.
Lo dejó reflejado en su poema “Académica” y en otros del libro “Versos libres”.
ACADÉMICA
Ven, mi caballo, a que te encinche:
quieren que no con garbo natural el coso
al sabio impulso corras de la vida,
sino que el paso de la pista aprendas,
y la lengua del látigo, y sumiso
des a la silla el arrogante lomo:
ven, mi caballo: dicen que en el pecho
lo que es cierto, no es cierto: que las estrofas
ígneas que en lo hondo de las almas nacen,
como penacho de fontana pura
que el blando manto de la tierra rompe
y en gotas mil arreboladas cuelgan,
no han de cantarse, no, sino las pautas
que en moldecillo azucarado y hueco
encasacados dómines dibujan:
y gritan ¨¡AI bribón!»— ¡cuando a las puertas
del templo augusto un hombre libre asoma!
Ven, mi caballo, con tu casco limpio
a yerba nueva y flor de llano oliente,
cinchas estruja, lanza sobre un tronco
seco y piadoso, donde el sol la avive,
del repintado dómine la chupa,
de hojas de antaño y de romanas rosas
orlada, y deslucidas joyas griegas, –
y al sol del alba en que la tierra rompe
echa arrogante por el orbe nuevo.

Con valentía, seguro de que sus versos deben ser conocidos, termina el poema con un llamado a que conquisten el mundo. Su caballo, o sea, lo que con tanto amor ha escrito, libre de cinchas, debe romper viejas estructuras mentales y poéticas, recibe la orden, “echa arrogante por el orbe nuevo”.
Y en otro hace alusión de nuevo a la situación que está enfrentando por ser incomprendido cuando deja este mensaje:
ESTROFA NUEVA
Poesía son y estrofa alada, y grito
Que ni en tercetos ni en octava estrecha
Ni en remilgados serventesios caben.

Solo un ejemplo más donde queda reflejada la fuerza interior de Martí, que sabía estaba renovando la forma de decir y, aunque lo criticaban, nada lo detenía, continuaba creando,
CRIN HIRSURTA
¿Que corno crin hirsuta de espantado
Caballo que en los troncos secos mira
Garras y dientes de tremendo lobo,
Mi destrozado verso se levanta?
Sí, pero ¡se levanta! A la manera,
Como cuando el puñal se hunde en el cuello
De la res, sube al cielo hilo de sangre.
Sólo el amor engendra melodías.

Es decir, no lo callarán las críticas de quienes son incapaces de abandonar la comodidad de lo viejo, él está consciente de que está sembrando futuro. No le pone nombre, pero está plantando las bases del Modernismo.

25 de enero de 2025.

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