Democracia, pandemia y autoritarismo


Tal vez porque se desató en China que fue por algunas semanas
epicentro de la COVID-19, antes que los aspectos médicos y sanitarios
de la enfermedad en los Estados Unidos y Europa se especuló acerca de
que ese país, Rusia, Vietnam y otros estados con sistemas políticos
que se apartan de los esquemas occidentales, tenían ventajas para
lidiar con la enfermedad.Ello se debe a que, aunque nadie imaginaba la escala planetaria y las
terribles consecuencias del mal, desde los primeros momentos se hizo
evidente que su enfrentamiento requeriría medidas de aislamiento y
distanciamiento social más o menos drásticas, cosa que, para proteger
a su población, adoptó China.La explicación radica en que, a pesar de los acentos electorales a los
cuales el público presta la mayor atención, la democracia, tal y como
se concibe y se practica en occidente, supone libertades
fundamentales, derechos humanos y prerrogativas ciudadanas, cuyo
ejercicio es más factible en los modelos políticos liberales.En teoría los estados de derecho, no solo toleran, sino que deben
velar porque se respeten prerrogativas tales como la libertad de
reunión y el derecho a desplazarse libremente dentro y fuera del país,
deambular por los espacios públicos, participar de espectáculos, así
como ejercer las libertades de conciencia y culto, asociación y
prensa, disfrutando de las bondades del estado laico.

Suprimir por razones sanitarias el ejercicio de estas
libertades, evitar los viajes y las reuniones, incluidas las
familiares, abstenerse de efectuar bautizos, bodas, incluso sepelios,
limitar la participación en eventos deportivos, cerrar escuelas y
confinar a las personas en sus casas, son medidas nunca antes vistas y
que han requerido de una disciplina social jamás aplicada en los
países occidentales.

Por diversas razones, la institucionalidad en China y otros estados,
no han desarrollado todavía perfiles que las naciones occidentales
incorporaron a sus modelos desde los inicios de la construcción de los
respectivos sistemas políticos, por lo cual el establecimiento de
limitaciones al movimiento, los viajes, las reuniones y los contactos
sociales de todo tipo, son mejor aceptadas que en aquellas naciones
donde estas conquistas están forman parte del ADN social y del núcleo
de la cultura política.

No obstante, algunas carencias, países como China y Vietnam, y otros
donde el compromiso con el estado de derecho no ha alcanzado rangos
que permitan la existencia de sociedades plenamente abiertas, son
compensadas con estilos de gobiernos apegados a preceptos socialistas
en virtud de los cuales los estados y los gobiernos son más efectivos
al velar por el bien común.

No es cierto que estos países hayan lidiado más eficazmente con la
pandemia porque sean estados predominantemente autoritarios, sino
porque sus políticas sociales y sus sistemas de salud pública son más
inclusivos y eficientes y porque en ellos se expresa mayor cohesión
entre los gobiernos y las sociedades que responden mejor a los
llamados de sus líderes y de sus instituciones.

En cualquier caso, la horrible pandemia que ha llevado el toque de
queda a Nueva York y París, ha ocasionado el cierre de los teatros,
museos, restaurantes y estadios deportivos de todo el mundo y ha
mantenido alejadas a las familias y las amistades, ha enseñado que aun
donde mejor se realice, la convivencia humana es frágil y susceptible
de ser conculcada por razones de fuerza mayor.

De lo que se trata es abogar por que en mundo post COVID-19 sea, en
todos los sentidos, más coherente con la condición humana los niveles
de civilización alcanzados. Allá nos vemos.

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