Traducido desde el más allá por Max Lesnik

Esto último quedó bien desmentido en el tiempo porque ciertamente un pueblo que fue capaz de convertirse en ciertos momentos de la historia como el centro del equilibrio del mundo tal como lo señalara en su momento José Martí- hay que remitirse a la Revolución de la Sierra y a la crisis de Octubre, no es de ninguna manera un pueblo que pueda ser descalificado como una mediocre tribu urbana de adictos a los chicharrones y al café con leche.
En cuanto a que los cubanos tienen poca memoria, en eso sí que estamos de acuerdo. Lo vemos aquí todos los días cuando algún oportunista de baja estofa, que hasta la víspera se desgañitaba gritando “ Viva Fidel y arriba el comunismo”, se presenta ahora en alguno que otro de los Canales Cloacas de la televisión de Miami diciendo “otomías”- valga la palabrita de los viejos guajiros cubanos- para denostar la Revolución que le dio educación y salud gratuitas a tantos tránsfugas que se pasean por estos lares miamenses olvidando su pasado radical de “Patria o muerte venceremos”.
Ese es el cubano de poca memoria. Mala semilla. Mala gente. A decir verdad me quedo con el que come chicharrones y toma café con leche. Al menos ese no presume de patriota ni engaña a nadie ni aquí ni allá.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.










