Esto es parte del refranero que durante muchas décadas se ha esgrimido entre ambas naciones, ni entiende así. Durante mucho tiempo ha imperado la ley del más fuerte en el mundo entero, nuestra isla no escapa de ello, por el contrario, ha sido víctima constante de este anatema. Responda precisamente a las intenciones más honestas y humanas del caso, pero no Cuba y Estados Unidos, para acabar de solucionar el diferendo entre ambos. Se supone que actúa siempre se manera más honesta y honrada hasta humana también:
No es menos cierto que los esfuerzos para lograr hacer valer esta meta sin cumplir, se han reforzado después de mucho tiempo, es más se pudiera decir que por primera vez un presidente estadounidense en la historia de los últimos diez, ha logrado inclinar la balanza hacia una solución más adecuada a esta desigual pelea.
El 17 de diciembre del pasado 2,014, marcó un antes y después y hará hito histórico. Libertad de los restantes tres de los Cinco Héroes Cubanos, restablecimiento de las relaciones diplomáticas después de más de medio siglo suspendidas y otras cosas que nos separaban, dieron al traste con los errores de mantener en aislamiento esos lazos recién recomenzados entonces.
Mucha gente esperaba y aun lo hace, que situaciones graves que entorpecían el avanzar en lo que nos une y aun lo hacen, desaparecieran como por arte de magia. Un plumazo de Obama bastaría para centrar la ruta a seguir, es la idea que se tenía y tiene todavía. Esto no funciona así. En este poder imperial se hace funcionar un engranaje muy bien preparado para que la permanencia de sus ambiciones y a veces necesidades de sostenimiento, ante sus propios ciudadanos y también para el mundo entero, contribuya a justificar su forma de dar y recoger frutos.
El estilo – por llamarlo de alguna forma más comprensible – de gobierno yanqui se ha impuesto por su hegemonía de mando actual sobre las naciones a las que se les conoce }como súbditos desde siempre y en el caso particular de la visita del presidente yanqui prueba que es algo que va más allá de un espaldarazo a la isla como nación, sino que puede interpretarse también como un nuevo intento de penetrar esa sociedad comandada por un liderazgo poco común, el que ya no se debe seguir considerando adversario a los interés de E.U.A.. Esto es como una sopa de sustancia para un catarriento.
“Los cantos de sirenas” que llevó a lanzarse al mar a los acompañantes de Ulises, lo obligó, a sujetarse con sogas de un poste de su barca – bien logrado en el film que interpretó Kirk Douglas hace muchos años – y es así como había que tratar de no dejarse llevar por esa música celestial que hoy embriaga a muchos pobladores de la isla caribeña y hasta otros muchos fuera de ella. Obama logó con su elocuencia y aparente sinceridad y honestidad, dejar una estela de buenos recuerdos ante todos los cubanos.
La duda recae ahora en qué se va lograr después de su regreso a La Casa Blanca. Hasta dónde podría llegar con los impulsos recibido en su vista a Cuba y sus cubanos que dieron rienda suelta a sus simpatías. No bastaría con otras de las curas a heridas que hemos sentido los criollos de ambas orillas. Había que ser más contundente y más agresivo que lo que hasta hoy ha hecho con sus gestos de indudables riesgos y valentía muy razonable para un poderoso individuo de centro izquierda, negro y que dirige la administración de país más poderoso e importante del planeta, pero que también está en sus últimos días en el poder y nada tendría que perder.
Dejarte el camino más allanado a Hillary Clinton – augurada segura próxima mandataria del gobierno de Estados Unidos – sería de por sí un tremendo empujón, para que se continuase y no un recomienzo de esa nueva política intentada hace más de dos años y medio, entre hombres y mujeres inteligentes y en secreto de ambos países, en mesas de negociaciones.
Junto a otros que ven las cosas de manera muy particular, creo fervientemente que lo sucedido es algo muy significativo y que se inclina en la balanza hacia que va por el camino más bien correcto que equivocado. Pero no dejo de reconocer que los intereses de una parte estarán siempre por encima de los deseos de la otra.
Por lo que pretendo que se llegue el mensaje de tratar de ser más discreto y menos apasionado a la hora de emitir juicios que pudieran resultar equivocados, de no estudiarse y leer entre líneas lo que se publica y lo que se realmente debe informarse. Me refiero concretamente a ambos medios de comunicación, los de Cuba y los de acá, cuando señalo este último me refiero no solo al gueto cubanomiamense, sino a todos en esta nación maestra en estas lides sensacionalistas.
Les habló, “Desde Miami!”, Roberto Solís.










