Con todas las voces

Para cumplir la sentencia: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba”, no bastaba con la exhortación de Juan Pablo II, sino que era necesario incidir sobre los escenarios local, bilateral e internacional, lo cual fue posible por las reformas iniciadas  a partir de la certeza de Fidel Castro de que: “…JuanPablo-FidelCastroEl modelo no funciona…”, y el inicio de la normalización de relaciones con Estados Unidos, posible por el reconocimiento de Barack Obama de que la política norteamericana tampoco era eficaz.

Aunque tales procesos no dependen uno del otro, confluyen en determinados puntos, generando complejas dinámicas económicas, sociales y políticas, no pocas incomprensiones y algunos reposicionamientos.

A estas realidades se suman las nuevas tecnologías de la información y las redes sociales, la telefonía móvil, las facilidades para viajar y otros fenómenos asociados, no solo a un mayor acceso a la información, sino a la capacidad de generarla y difundirla. A todo ello se añade el surgimiento del sector no estatal de la economía, el debut de nuevos actores sociales y los relevos generacionales.

Entre las cuestas que Cuba deberá remontar figuran las consecuencias del aislamiento informativo al que el bloqueo económico y la hostilidad política que, si bien no pudo impedir el fomento de la cultura política, la limitó y le incorporó estereotipos de los cuales es preciso liberarse.

La Habana, donde el acceso a Internet es pobre, es la única capital del hemisferio en la cual desde hace medio siglo no circula ninguna publicación occidental y desde hace 25 años cuando dejaron de llegar Sputnik y Novedades de Moscú no existe ninguna extranjera. Aunque, muchos no lo perciban, ese fenómeno impacta a toda la sociedad, especialmente a la intelectualidad, a los cuadros políticos y a los directivos de la prensa.  

Casi no se encuentran profesionales menores de 60 años graduados o que hayan realizado posgrado en universidades de Estados Unidos, América Latina y de Europa Occidental y se cuentan con los dedos de las manos los periodistas cubanos radicados en la Isla que colaboran con publicaciones extranjeras. En el mundo global, con razón calificado como sociedad información o del conocimiento, el único modo de alcanzar a la opinión pública mundial, es mediante el acceso a los medios de información internacionales.

Una particularidad de los ámbitos informativos es que constituyen territorios en los cuales confluyen y se amalgaman elementos subjetivos, sobre todo de naturaleza ideológica y política, cultural e incluso confesional, en los que están presente intereses individuales, sociales, empresariales, técnicos y otros.

Tratar de armonizar, dirigir y conducir todos estos factores desde un centro, por unas pocas personas y a partir de juicios exclusivos, es imposible y conduce a errores. Entre los más graves figuran las tendencias administrativas, burocráticas y sobre todo la censura. Debido a convergencias y complejidades, en esos ámbitos, cambiar las mentalidades y remover estructuras, como aspira el presidente Raúl Castro es más difícil.

Una sociedad culturalmente moderna y políticamente activa como la cubana, posee una diversidad que la distingue y una espiritualidad que necesita expresarse  con múltiples voces y acentos y en cuanta tribuna sea posible. La diversidad de ideas y la libertad para expresarlas fortalece la sociedad, mientras las restricciones la demeritan y mutilan.

  En uno de sus muchos momentos de lucidez Mao Zedong escribió: “Permitir que cien flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y las ciencias de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra”. Allá nos vemos.

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente

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