Para cumplir la sentencia: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba”, no bastaba con la exhortación de Juan Pablo II, sino que era necesario incidir sobre los escenarios local, bilateral e internacional, lo cual fue posible por las reformas iniciadas a partir de la certeza de Fidel Castro de que: “…
Aunque tales procesos no dependen uno del otro, confluyen en determinados puntos, generando complejas dinámicas económicas, sociales y políticas, no pocas incomprensiones y algunos reposicionamientos.
A estas realidades se suman las nuevas tecnologías de la información y las redes sociales, la telefonía móvil, las facilidades para viajar y otros fenómenos asociados, no solo a un mayor acceso a la información, sino a la capacidad de generarla y difundirla. A todo ello se añade el surgimiento del sector no estatal de la economía, el debut de nuevos actores sociales y los relevos generacionales.
Entre las cuestas que Cuba deberá remontar figuran las consecuencias del aislamiento informativo al que el bloqueo económico y la hostilidad política que, si bien no pudo impedir el fomento de la cultura política, la limitó y le incorporó estereotipos de los cuales es preciso liberarse.
La Habana, donde el acceso a Internet es pobre, es la única capital del hemisferio en la cual desde hace medio siglo no circula ninguna publicación occidental y desde hace 25 años cuando dejaron de llegar Sputnik y Novedades de Moscú no existe ninguna extranjera. Aunque, muchos no lo perciban, ese fenómeno impacta a toda la sociedad, especialmente a la intelectualidad, a los cuadros políticos y a los directivos de la prensa.
Casi no se encuentran profesionales menores de 60 años graduados o que hayan realizado posgrado en universidades de Estados Unidos, América Latina y de Europa Occidental y se cuentan con los dedos de las manos los periodistas cubanos radicados en la Isla que colaboran con publicaciones extranjeras. En el mundo global, con razón calificado como sociedad información o del conocimiento, el único modo de alcanzar a la opinión pública mundial, es mediante el acceso a los medios de información internacionales.
Una particularidad de los ámbitos informativos es que constituyen territorios en los cuales confluyen y se amalgaman elementos subjetivos, sobre todo de naturaleza ideológica y política, cultural e incluso confesional, en los que están presente intereses individuales, sociales, empresariales, técnicos y otros.
Tratar de armonizar, dirigir y conducir todos estos factores desde un centro, por unas pocas personas y a partir de juicios exclusivos, es imposible y conduce a errores. Entre los más graves figuran las tendencias administrativas, burocráticas y sobre todo la censura. Debido a convergencias y complejidades, en esos ámbitos, cambiar las mentalidades y remover estructuras, como aspira el presidente Raúl Castro es más difícil.
Una sociedad culturalmente moderna y políticamente activa como la cubana, posee una diversidad que la distingue y una espiritualidad que necesita expresarse con múltiples voces y acentos y en cuanta tribuna sea posible. La diversidad de ideas y la libertad para expresarlas fortalece la sociedad, mientras las restricciones la demeritan y mutilan.
En uno de sus muchos momentos de lucidez Mao Zedong escribió: “Permitir que cien flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y las ciencias de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra”. Allá nos vemos.
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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente










