Traducido desde el más allá por Max Lesnik
Los ciclones son una verdadera desgracia. Y este “Irma” con nombre de mujer que anda ahora por el mar Caribe, llegando a Puerto Rico con una fuerza descomunal en sus vientos. El huracán ha alcanzado el nivel cinco -la máxima categoría en la escala Saffir-Simpson-, con vientos máximos sostenidos de 280 kilómetros rumbo a Cuba y amenazando con arrasar Miami y otras zonas del Estado de La Florida es de los grandes, grandes de verdad, como un tifón «extremadamente peligroso»
Dicen que tiene vientos más fuertes que el “Andrew” que azotó estos entornos hace más de 20 años causando destrozos de marca mayor, que si bien no llegaron a la magnitud del “Katrina” que arrasó a Nueva Orleans o el “Harvey” que acaba de hacer estragos descomunales en Texas y Luisiana, el “Andrew” ha dejado profundas cicatrices y malos recuerdos en aquellos que sufrieron su paso por esta región floridana.
De lo que nos traigan los vientos violentos del “Irma” y sus aguas revueltas, que nada tienen de benditas solo sabremos después del paso de este monstruoso fenómeno atmosférico que anda camino del sur de La Florida y que pudiera impactarnos este fin de semana.
Dos cosas nos vienen a la mente. Una es que hay “ciclones” fabricados por el hombre que pueden ser más catastróficos que los huracanes. Uno de ellos es que se produzca una confrontación atómica en la península de Corea que pudiera causar la muerte de millones de personas. Y otro fenómeno que nada tiene que ver con la naturaleza es la decsi0n del Presidente Donald Trump de echar abajo la orden Ejecutiva dictada por el entonces Presidente Barack Obama que otorgaba permiso a casi un millón de jóvenes “Soñadores” para permanecer en Estados Unidos estudiando y trabajando de manera legal, al amparo del programa DACA
Para esos jóvenes afectados hoy en Estados Unidos por el “Ciclón” Trump el huracán “Irma” no les va a hacer la vida peor. ¡Ahí viene el otro ciclón”! Y como decía mi abuelita, “Que Dios nos coja confesados”.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.











