
Hoy entregamos un espacio de RadioMiamiTV al colega Pedro Jorge Velázquez
Analizar lo ocurrido hoy impone mirar para todos los puntos cardinales (los antes y los después) y lo hago mientras frío los plátanos maduros de la comida, ¡vaya!

Los múltiples avisos que se hicieron en la prensa y en las redes sociales para frenar conductas que, a la postre, lastran el espectáculo beisbolero, no impidieron que ocurriera lo esperado. Comencemos pensando bien en qué ciudad se desarrolla todo esto; pero no acusemos a todos los habitantes de esa ciudad como promotores del odio porque no seríamos justos.
Hoy, antes de comenzar el juego, ya había quien se enorgullecía (como si eso fuera motivo de orgullo) de portar indumentarias y carteles con mensajes políticos que incitan al odio. Antes de poder entrar al estadio, el periodista y analista político, Edmundo García, que fue a disfrutar de un juego de béisbol donde participaba la selección de su país, tuvo que ser protegido y conducido por la policía pues le impidieron entrar al estadio con gritos y amenazas de golpes.
¿A algún cubano que no esté con el gobierno se le ha impedido entrar a un estadio para disfrutar un juego de pelota en Cuba? ¿Usted ha visto que al entrar al estadio de su provincia a alguien le preguntan en qué ideología cree?
Los carteles. Los cartelitos. Los cartelones. Algunas personas querían que dejáramos de atender al juego de pelota, para atender al show de la grada. Seguramente también querían, además, producir algo en nosotros, y lo hicieron: vergüenza. No hay otra palabra para describir cómo un grupito intenta desentenderse de lo que está ocurriendo en el campo para mostrar su intolerancia a los cuatro vientos. Parece que aún no lo comprenden: nuestro orgullo estaba en esos hombres que portaban el uniforme de las 4 letras y se batían por ellas en el terreno.
Vuelvo con las preguntas: ¿Ustedes han visto en los juegos de la Serie Nacional a personas levantando carteles a favor de la Revolución? ¿El escenario político en Cuba obliga a alguien a hacer eso?
¿Y en Miami? ¿Por qué en Miami sí? ¿Cuál es el clima que motiva a conductas de ese tipo? ¿Quiénes generan ese clima? ¿Por qué en Miami es imperativo –para algunos– olvidar el lugar, las circunstancias y el equipo de su patria para arremeter contra el desarrollo de un juego, al punto de que haya que retirar a una manifestante dentro del mismo cuadro o que la policía llame la atención en repetidas ocasiones al grupito de atrás del Home? ¿Por qué mejor no disfrutar junto a la familia o los amigos el juego de pelota, como hago yo en Cuba cuando asisto al estadio?
Es incluso más curioso leer cómo algunos periodistas como Yoani Sánchez y Yusnaby Pérez hicieron notar en sus perfiles de Facebook, con ligera picardía, «que por la televisión pública cubana se podía ver un cartel que ofendía al presidente cubano» (el cual todos vimos, justo antes de que Arruebarruena la sacara del parque). Pero pensemos justamente en eso. En eso y nada más. Quizás en «una dictadura» como la cubana se debería haber dejado la pantalla en negro, hasta que el cartel desapareciera. Quizás en la Cuba con la que Yoani Sánchez y Yusnaby Pérez fantasean debería haberse paralizado la trasmisión e impedir a los televidentes ver esa provocación.
Pero no, no ocurrió así, parece que en «la dictadura» no se viola el derecho a ver un juego de pelota ni porque salga un cartel infame en contra del presidente, mientras que en el «país de la libertad», un ciudadano norteamericano como Edmundo García no pudo ver jugar, ni por un segundo, a su equipo de pelota.

Hoy entregamos un espacio de RadioMiamiTV al colega 









